Soy Ruddy Carrera, un pastor y misionero cristiano de la República Dominicana. Nací y me crié en el seno de una familia cristiana, el día 8 de Mayo del año 1982, en el municipio Enriquillo de la Provincia Barahona; Pero no fue sino cuando transcurrían los 12 años de mi vida, cuando tuve una verdadera convicción de mis pecados, que acepté a Cristo como salvador de mi vida, y me hice cristiano, cuando el matrimonio de mis padres atravesaba una fuerte crisis. Y soy el tercero de 6 hermanos.

Siendo muy pequeño, un día escuché a mis padres decir que iban a iniciar una iglesia en nuestra casa. Al poco tiempo veía a la gente reunirse cada semana, en el patio, para cantar y orar. Y a pesar de que mis abuelos eran católicos romanos, les encantaban verme imitar al pastor y a la gente de la iglesia. Y escucharme decir que quería ser pastor cuando fuera grande. Sin embargo, a mi madre le disgustaba verme imitar los ademanes del pastor, y de los otros creyentes. Y me corregía.

Una noche vimos a nuestra madre llorar; porque nuestro padre se había divorciado de ella, para irse con otra mujer. Yo era aun muy pequeño, de 9 años de edad, cuando nuestro padre nos abandonó. Entonces empecé a ver, como mi mundo se había tornado tan diferente, y mi madre ya no era feliz como antes. Ella debía trabajar fuerte cada día, para alimentarnos, porque éramos muchos niños.

Aun así, nos enseñó a amar a Dios, y a leer la Biblia y orar cada día. Y nos llevaba a la iglesia. Empecé a madurar en mi vida cristiana, y me bautizaron. Pero inspirado en el líder de la oposición política de la República: el Dr. José Francisco Peña Gómez, empezó a gustarme la idea de ser un político en vez de pastor.

Un día ella me dijo que debía enviarme con un hermano de ella, que vivía en la ciudad, para que pudiera seguir avanzando en mis estudios. A si llegué a Santo Domingo, muy triste y culpable por tener también que haber dejado a mi madre, como lo había hecho mi padre. Pasaron muchos años, y a pesar de que ella me escribía cartas, y me enviaba cosas, lloré por ella cada noche en mi cama.

Luego aun siendo un adolescente, al poco tiempo de ser bautizado, mostré una gran destreza en la evangelización personal, y en la exposición del mensaje de la Palabra. Con tan solo 14 años, ya era un predicador. Y empecé a recibir invitaciones de iglesias de diversas denominaciones, para que predicara, en sus campañas evangelística y en sus púlpitos. Al final de los 90, a los 16 años de edad, al junto de un grupo de jóvenes de diversas iglesias fundamos a Ruddy Carrera Ministries, un ministerio enfocado en la plantación de iglesias y en la evangelización, que luego vino a llamarse Outlook Mission. Y que aun dirijo.

Y dos años más tarde ayudé a plantar la Primera Iglesia, en Sabana Perdida, un suburbio de la ciudad de Santo Domingo, y de este modo me inicié en el ministerio pastoral, cuando aun cursaba mis estudios avanzados de teología en el Instituto Bíblico Reformado, continuando en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Y dado mi interés por la situación política. Empecé a predicar un mensaje enfocado en la justicia social, y adverso al sincretismo religioso que incursa en muchas de nuestras iglesias dominicanas. A las nuevas modalidades de fanatismo. Y en la necesidad de que la iglesia invierta un mayor presupuesto en obras de caridad. Esta cosmovisión no fue bien respaldada por mi iglesia, y debí renunciar a su servicio pastoral.

Entonces, empecé a orar para volver a mi pueblo natal, Pedernales. Que aun en esa época las estadísticas gubernamentales la presentaban como la zona más pobre del país. Pensé que era un buen lugar para ayudar a la gente, y empezar nuevas iglesias.

Pero durante los años 2003 y 2004, el país se sumió en una intensa crisis política. Cuando el presidente de turno por el oficialista PRD, históricamente opuesto a la reelección presidencial: el ingeniero Hipólito Mejía, anunció que se reelegiría para un segundo mandato. Esta postura fue rechazada por el presidente y líder del partido el licenciado Hatuey Decamps; quien terminó siendo expulsado, sin ante desalojar al partido de su cede que era su principal símbolo histórico. Esta situación motivó más mis ideas políticas, y me uní a la formación de un nuevo partido político con Hatuey como presidente, y yo aun siendo tan joven, y otros valiosos ciudadanos llegamos a ser sus primeros vicepresidentes y miembros de su comisión política a nivel nacional.

Aun viviendo entre la burguesía, y siendo una figura destacada de la oposición más moderada, seguía pensando en volver a mi región natal, y a ayudar a la gente con el evangelio de amor. Ya que me di cuenta rápidamente, que la política solo puede traer a los hombres un bienestar temporal; pero no puede solucionar la raíz, de su mayor miseria que es el pecado, el causante de todos los males y pobreza que afecta al ser humano.

Entonces le pedí a la Convención, que me enviara al Sur Profundo, como misionero plantador de iglesias. Pero me dijeron que no podían porque no contaban con los recursos. Yo les propuse que me enviaran de todo modo, y que yo me haría responsable de mis gastos. Entonces después de más de un año de espera me enviaron: y llegué a Pedernales en el verano del año 2006 con la idea de iniciar iglesias entre dominicanos y haitianos. No sin la desaprobación de mi gente más cercana; porque no entendían tal decisión que tomaba en medio de los mejores tiempo de mi vida.

Llegué solo con mi Biblia, mi bulto de ropas, y una caja de tratados y de grandes sueños. Y puedo asegurar que Dios me ha respaldado, y que no me ha dejado solo. He vivido momentos de tristeza; pero nunca me ha faltado la alegría y la paz. Caminabas decenas de kilómetros para llegar a los pueblos donde debía predicar, pero también a veces Dios me enviaba un caballo o una bicicleta que me transportara, y otras veces los choferes no me dejaban en la carretera. Había días que el sol me quemaba, y me daba fiebre; pero me compensaba al mostrarme sus lindos atardeceres de Pedernales. Había días que caminabas como un zombi, entre las lluvias, los relámpagos, y el barro de los caminos montañosos. Y se me mojaba mi Biblia, y los tratados. Pero entendía que la lluvia era necesaria para la gente de aquellas tierras, luego debía conformarme.

Conocí a mi esposa Angelina de Carrera, y nos casamos, y somos una bella familia con nuestros tres hijos: Angelo Nicolay, Carlos Emiliano y Dominic.

En estos 9 años como misioneros, Dios nos ha dado la bendición de plantar y ayudar a plantar 10 iglesias y 11 misiones, y 1 escuela de alfabetización que funciona en 3 pueblos. Y que otras personas iglesias y ministerios se unan a nuestra visión, de iniciar nuevas iglesias. Y que apoyen las misiones. Hemos formado cerca de una decena de obreros y nuevos pastores.

Y sigo creyendo que valió la pena dejar la comodidad, y la gloria temporal del mundo, pora servir a mi Señor Jesucristo en el santo ministerio, en medio de la gente más humilde de este país. Admito, que las dudas me visitaron, y a veces suelen regresar, para hacerme creer que fui un tonto que despreció la oportunidad política, que pocos jóvenes han tenido en nuestro país, después del retorno de la democracia. Pero he tratado de poner mi mirada en el Señor (Hebreos 12:2).

Todo lo hemos hecho para la gloria de Dios, y para la gente entienda que nada nos puede dar más satisfacción en este mundo aceptar a Jesús como salvador de nuestras vidas, y obedecerle en medio de todas las circunstancias.

 

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