Los oficiales de la Iglesia

Por @Ruddy Carrera.           

Son muchas las dudas, que aún se ciernen, sobre los ministerios oficiales de la iglesia. Existen tantas áreas de servicios, dentro y fuera de la iglesia; que ha sido necesario, la creación de diversas formas de ministerios. Que a veces confunden sus funciones, con sus naturalezas.

En la Biblia, encontramos dos ministerios, que tanto por sus instituciones y naturalezas divinas, como por sus funciones, cumplen con todas las características, para hacer funcionar la iglesia. Y dar las respuestas necesarias, a las necesidades y demandas de la feligresía, y la sociedad en general.

El primero es el ministerio pastoral, o el ministerio del pastor. El segundo en cambio es el ministerio diaconal, o el ministerio de los diáconos.

Al leer el libro de Efesios 4:11-16, encontramos una serie de ministros como son: los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

Pero por la naturaleza del ministerio cristiano, estos se reducen a dos grupos: los pastores y los diáconos.

Como ya he anticipado, la razón de esto es la estructura y naturaleza de la iglesia y el ministerio cristiano.

La Iglesia es una institución divina y a la vez humana; es divina, porque la fundó el mismo Señor Jesucristo. Y es humana, porque sus miembros somos seres humanos.

Entonces el ministerio pastoral, en cierta forma, cumple la función del sacerdote del Antiguo Testamento. Guía al creyente en su fe, y en sus luchas espirituales del día a día.

En tanto que el ministerio diaconal, como lo denota su propia naturaleza: no solo ayuda al pastor en los servicios espirituales y sociales. Sino que hace que estos servicios de la iglesia sean sencillos, y lleguen a la congregación y a la sociedad en general. El diácono es un servidor de la iglesia.

Vemos más de cerca en Efesios 4:11.

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.

Note que Pablo coloca al pastor y al maestro en último lugar. No porque sean menos importantes que los demás, sino quizás para darnos a entender, que los pastores estamos llamados a negar nuestros propios beneficios, para dar prioridad al bien de los demás (Mateo 16:24; 2 Corintios 11:29).

El pastor prima en todos estos ministerios, y luego el resto se reducen a servicios. O sea a diáconos.

Los apóstoles eran pastores. El Señor instituyó solo a doce apóstoles (Mateo 10:1-4). Luego Pablo es añadido, como diría él como si fuera un aborto (1 Co. 15:8). De modo que Pablo fue el apóstol número 13. El apóstol es un pastor, pero el pastor no es un apóstol, desde el sentido de la palabra bíblica. Los apóstoles fueron 13. Juan el teólogo, posiblemente fue el último apóstol en vivir. De hecho era el más joven de los 12. Con la muerte de los apóstoles, cesó la era apostólica. Como podríamos afirmar, que con la muerte de los patriarcas judíos, terminó la era patriarcal. Ya no tenemos más patriarcas, como Abraham, Isaac y Jacob. De modo que ya no tenemos más apóstoles, como los apóstoles del Nuevo Testamento.

Hay un movimiento, que se hace llamar el movimiento apostólico. Sin embargo, desde la era de los Padres de la Iglesia, hasta las pasadas décadas, a nadie se le ocurrió llamarse apóstol. De modo que, este movimiento no es más que una negación de la historia cristiana. Son pseudos apóstoles.

El pastor es un  profeta: evangelista, y maestros. Pero no siempre el evangelista es un pastor. No siempre el profeta es un pastor. No siempre el maestro es un pastor.

Sin embargo; los profetas sirven en la Obra de Dios. Los evangelistas sirven en la Obra de Dios. Y los maestros sirven en la obra de Dios.

Etimológicamente la palabra diácono  proviene del griego διακονος, diakonos, cuyo significado es «servidor». De modo que en la Biblia el diácono es considerado un servidor. De hecho el significado bíblico para ministerio es servir.

Entonces si los apóstoles eran pastores: Que de hecho lo eran. Y los pastores son también ministros o servidores. Y como los demás ministros enumerados en Efesios 4:11, no siempre son pastores, entonces la lista se resume a dos ministerios: pastores y diáconos.

Esto es confirmado por el mismo apóstol Pablo en 1 de Timoteo 3:1-13, al presentar al pastor y al diácono como los dos oficiales de la Iglesia.

De una forma u otra, todos los creyentes recibimos dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12: 7-11), y estamos llamados a servir en alguna área ministerial. O para que no te asuste: en la Obra de Dios. Entonces, todos somos ministros o servidores.

La Palabra de Dios fue revelada una vez (Judas 3). Dios habló una vez. Su Palabra se escribió por medio de la revelación y la inspiración del Espíritu Santo. Dios sigue hablando por medio de su Palabra (1 Timoteo 3:16). Muchas de las profecías bíblicas se han cumplido. Muchas otras no. Cada vez que nosotros hablamos, sobre las profecías de Las Escrituras, estamos profetizando junto a la Palabra. Estamos afirmando lo que La Palabra de Dios dice.

De modo que desde el sentido bíblico, todos somos profetas. Pero no somos profetas inspirados. Dios ha revelado su voluntad en su Palabra. Juan el Bautista fue el último profeta del Antiguo Testamento.  Juan el teólogo fue el último profeta inspirado del Nuevo Testamento. De modo que La Palabra de Dios permanecen para siempre (1 Pe. 1:25; Is. 40:8). Pero las profecías se acabarán (1 Corintios 13:8).

También es visible en las iglesias cristianas, un pujante movimiento profético. Mayormente liderado por laicos, que pretenden equiparar y a veces desplazar la autoridad divina de la Palabra de Dios. Y sustituir la función pastoral. Desde una perspectiva bíblica, esto no es sino otra negación de la historia cristiana. Y también un fraude.

Al Cristo morir en la Cruz, quitó el velo que impedía que nosotros tuviéramos acceso directo al trono de la gracia divina (Mateo 27:51). Ahora gracias a su muerte y expiación todos tenemos acceso directo a Dios (Efesios 3:12), y a su Palabra revelada (2 Pedro 1:20). De modo que no nos sorprende, escuchar a Pedro afirmar, que todos somos sacerdotes (1 Pedro 2:9).

El mundo ha rebajado el ministerio pastoral, a un servicio de tercera categoría. Esto es porque muchos laicos, no han entendido el significado y la naturaleza, de los tipos de ministerios, como lo establece la Palabra de Dios.

Personalmente pienso que estamos llegando muy lejos con esto. Y ya es tiempo de empezar a volver respetar y a valorar al pastor. Y darle la primacía en el ministerio que la Palabra establece.

Los pastores son los guías espirituales de la Iglesia: y la misma Palabra establece que ellos tienen un príncipe; y ese príncipe es Jesucristo:

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria (1 Pedro 5:4).