Los ministros somos siervos, no jefes

Por @Ruddy Carrera.            

La Iglesia de nuestros días, tiene una noción  vaga y superflua, sobre el sentido bíblico del término ministro. Y como consecuencia, tenemos en nuestros púlpitos, predicadores pocos comprometidos, con la Obra de Dios. Tenemos en nuestros campos misioneros, y en muchas de las áreas de servicios, una serie de gente, cuyo perfil se asemejan más al de un jefe, que al de un ministro.

Imagen de portada: El Lavatorio, de Tintoretto/Museo del Prado, Madrid, Flag of Spain.svg España.

Pero no siempre fue así. La palabra ministerio en el Nuevo Testamento, tiene una connotación de servir. El ministro cristiano es un servidor de Dios y de su Iglesia.  διακονος, o diakonos es el término que el Nuevo Testamento usa, para los llamados a servir en el ministerio. Y ese es su significado: servicio, servir, servidor. El asunto radica, en que con el paso del tiempo, y con la expansión de la cristiandad, la Iglesia ha ido conquistando y ganando beneficios sociales y políticos, como nunca antes. Entonces los pastores y diáconos, han pasado de ser siervos de la Iglesia, a altos ejecutivos de corporaciones cristianas.

De hecho hay una corriente ministerial muy influyente, que afirma que a un líder cristiano contemporáneo, no se le debería llamar siervo; ya que este es un término obsoleto, y que no transmite correctamente, la función de nuestros dirigentes religiosos.

Ellos plantean la cuestión de que ¿Cómo es posible que a un profesional de la religión, de la ética y la moral social se le dé la connotación de un pastor, u hombre de campo cuya función es criar ovejas literales?

En su lugar ellos proponen términos menos denigrante como: Reverendo, Licenciado, Doctor. Y ahora más recientemente el de apóstol.

Estos términos no están mal, con la excepción del último, que no se debe aplicar a ningún líder cristiano, ya que la era apostólica terminó con la muerte de Juan el Teólogo, o Juan el discípulo amado. Pero ninguno transmite mejor el mensaje de su función como el de pastor de la Iglesia.

En el Nuevo Testamento, el sustantivo griego ποιμήν (poimēn) y el verbo ποιμαινω (poimaino) son usadas 29 veces, la mayoría de las veces para referirse a Jesús como el pastor. Entonces no veo cual es el problema.

Nosotros somos los pastores. La Iglesia es el rebaño del Señor, y Jesucristo es el dueño del rebaño. Nosotros servimos en su rebaño. Trabajamos en su rebaño. Él es nuestro jefe, nuestro patrón, nuestro empleador. Nosotros no debemos esperar, recompensa de los hombres, por nuestros servicios. Dios es el que nos pagará. Para él trabajamos.

Jesús no sintió vergüenza en aplicarse este título.

Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas. Así que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor (Juan 10:11-16, RV. 1960).

Pedro dijo que los pastores debemos ejercer nuestro ministerio con precaución, porque Jesús es nuestro príncipe. O sea el principal pastor.

Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria (1 Pedro 5:4, RV 1960).

Aún los obispos no debemos olvidar, que nuestra función es la de supervisar y pastorear a otros pastores. Observar desde arriba, es el significado de ἐπίσκοπος el término empleado en el Nuevo Testamento para obispos.

No importa que tan alto esté un miembro del cuerpo; nunca estará más alto que la cabeza. Y nosotros somos miembros de la iglesia que es el cuerpo de Cristo. Y Cristo es la cabeza (1 Co. 12:27; Ef. 5:23 .

Los ministros cristianos somos servidores del reino de Dios. Y nunca debemos usar nuestras facultades, para adueñarnos de la voluntad de aquellos, que están a nuestro cuidado.

No importa que tan alto, lleguemos en el ministerio: Cristo siempre estará, más alto que nosotros.

Cristo es el príncipe de los pastores, y nosotros sus siervos.