Pastores que pasan hambre

Por @Ruddy Carrera.             

La desigualdad social, no ha sido cosa del mundo secular solamente. También en la Biblia encontramos ejemplos de una vulgar desigualdad entre los pastores y la Iglesia. Y no es el caso que también se da, donde algunos pastores parecen ser cada día más ricos, mientras que muchos de los miembros de sus iglesias, parecen no tener esperanza, de una mejoría inmediata.

Pero la mayoría de los pastores cristianos de nuestro tiempo, pasan hambre literalmente; y no es porque ayunan mucho, o porque le gusta pasar hambre. No. A nadie le gusta tener que parar hambre. Es porque sus iglesias, han descuidado una parte importante de la adoración, que es el ofrendar también una porción de nuestros recursos económicos.

El diezmar y ofrendar es tan bíblico, como el orar, cantar y estudiar la Palabra de Dios.

A nadie se le ocurriría pensar jamás, que el apóstol Pablo, el más grande de los misioneros de todos los tiempos, llegó a pasar hambre literalmente, para poder cumplir con su llamado de predicador.

En trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias (2 Corintios 11:27, RV 1960).

Al parecer, la cosa no ha mejorado mucho en la Iglesia, para los pastores que como Pablo, tratan de ejercer un ministerio de forma honesta y sincera, pero que finalmente son abandonados por sus iglesias.

Este contexto, que va desde el verso 16 al 33, es una radiografía de nuestros pastores. En especial, de millones de pastores anónimos, que cada día se levantan, pensando en qué harán para establecer el reino de Dios entre los hombres. Y que comerán ellos y su familia.

Veamos más de cerca el contexto: En los versos que van desde el 23 al 26, el apóstol nos habla sobre los peligros, a los que se enfrentó, por causa del evangelio. Como especifica en el verso 23, eran claramente peligros de muerte.

Entonces en el verso 27, nos dice que estaba fatigado, de tanta carga de trabajo y preocupación. A tal modo que todo esto lo llevaba a enfermarse (V. 29). Note que es muy probable que la carga estresante del ministerio lo llevara a enfermarse.

Esto es así, que al momento de escribir esta carta, lucía débil y desgastado, quizás por pasar hambre, enfermedades, y por la gran angustia que le causaban aquellos, a quienes él intentaba ayudar en su fe.

Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable (2 Corintios 10:10, RV. 1960).

Es evidente, que ellos no apreciaban, el esfuerzo ministerial del Apóstol Pablo. Su amor por ellos y el resto de las iglesias. A los peligros que se exponía, para que otros conocieran el mensaje de amor que había cambiado su vida.

Ellos no cooperaban económicamente, en lo absoluto en nada, para el sostenimiento de Pablo: para su alimentación, para su medicina, para su seguridad. Pero aun así, lo criticaban porque se veía flaco y débil. Y hasta le faltaban al respeto llamándole loco (V. 16).

A sí como corinto había descuidado el ministerio de Pablo, muchas iglesias de nuestro tiempo, han abandonado a sus pastores y predicadores a la suerte. De hecho, es tan parecida la historia de Pablo, a las historias de millones de pastores anónimos, que estas iglesias deberían cambiarse sus nombres. Deberían ya bajar sus letreros y buscarse otros nombres. Yo que tengo una vasta experiencia, en la plantación de iglesias, y en la creación de nombres para iglesias, les sugeriría al menos dos nombres,  que son hasta bíblicos: Primera Iglesia de Corintio, y Segunda Iglesia de Corintio. No importa, si les gusta lo pueden usar, y yo no voy a reclamar los derechos de autor.

Es una vergüenza para la cristiandad, que en pleno siglo 21, tengamos pastores que aun pasan hambre, porque sus iglesias no los apoyan.

Pablo no era un vago, ni un aventurero. La historia de Pablo es sorprendente. Pablo era un ciudadano Romano, el equivalente a un ciudadano del primer mundo de esta época. Era un intelectual, muy brillante en su época. Algo así como un profesional del derecho, de hoy en día. Su estatus social y político, le abrió muchas puertas y oportunidades, hasta ganarse la confianza de las autoridades de su tiempo.

Pablo debió ser un fabricante de casas de campañas. Un empresario. Y con toda esta gente de clases, con que se relacionaba, debía tener un buen mercado asegurado.

Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas (Hechos 18:2-3, RV. 1960).

Pero cuando él fue llamado al ministerio, entendió que si en verdad quería tener un ministerio fructífero, en la salvación de los perdidos; entonces debía abandonar sus actividades económicas, y dedicarse a tiempo completo a la predicación. El tiempo es un recurso muy preciado en el ministerio.

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo (Filipenses 3:7-8, RV 1960).

Por eso él afirmaba, que un ministro debía dedicar, su mayor tiempo y esfuerzo, a la Obra de Dios; y no distraerse con las actividades de esta vida.

Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado (2 Timoteo 2:4, RV 1960).

Sin embargo, los Corintos habían descuidado a Pablo, de una forma tal, que en una ocasión, cuando Pablo se encontraba predicando, en medio de ellos, tuvo otra iglesia que hacerse cargo del cuidado de Pablo.

He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros. Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso (2 Corintios 11:8-9, RV 1960).

La obra de Dios no se sostiene solo con oraciones y cantos. La Iglesia de Dios debe retomar sus deberes, y hacer lo correcto. Un día Dios nos llamará a cuenta.

Muchas iglesias de hoy en día, no soportarían una demanda, por explotación laboral y por abuso de confianza.

Tampoco la de Corinto.