Por @Ruddy Carrera.             

Siempre he afirmado que es difícil traer un perdido a los pies del Señor, pero es fácil dejar o hacer que se vaya.

El asunto de todo esto radica, en que nosotros no estamos en el ministerio para salvar gente. Nuestra función aquí es proclamar la Palabra de Dios. No salvar a nadie. La salvación es una obra del Espíritu Santo. No de nosotros.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8, RV. 1960).

Pero una vez la persona ha aceptado a Cristo ¿Cómo lo podemos ayudar en su fe. Yo personalmente pienso, que lo mejor que podemos hacer por un nuevo creyente es discipularlo. Y para esto la mejor herramienta es la Biblia.

Entonces un Nuevo Testamento para iniciar estaría bien. Un Nuevo Testamento, sería el mejor regalo, que que pudiéramos hacerle, a un nuevo convertido.

Para esto hay muchas razones:
1. Es fácil y económico de adquirir.
2. El nuevo Testamento es la base doctrinal del cristianismo.
3. Es pequeño. A una persona que no está impuesta andar con una Bíblia, no se le hará difícil portarlo y familiarizarse con él.
4. Una gran mayoría de la gente que se convierte, no permanece en la fe. De modo que es una inversión segura y sencilla para empezar.

La mayoría de los nuevos creyentes,  no tendrán la suficiente madures espiritual, para ser expuesto a las doctrinas del Antiguo Testamento. Y dado que nuestro propósito básico, va a consistir en discipularlo, y consolidar su fe y nivel de compromiso cristiano, un Nuevo Testamento, es lo que haría falta para que esto ocurra.

El nuevo testamento constituye la base doctrinal de la Iglesia. En él encontramos la vida y hechos del Señor Jesús, de los apóstoles y los primeros cristianos.

Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre (Juan 20:31).

La Iglesia no está obligada a obedecer y practicar,  todas las doctrinas del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento, fue dado al Pueblo de Israel. La iglesia ya no vive bajo los viejos preceptos de la ley. Nosotros somos salvos por la gracia de Dios, y por haber depositado nuestra fe en su hijo Jesucristo.

Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo : enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne (Romanos 8:3, RV. 1960).

El Nuevo Testamento contiene todos los recursos espirituales, que un cristiano necesita para entender la salvación.

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