Una de las mayores luchas espiritual de los creyentes en su día a día involucra sacar tiempo para la disciplina espiritual.

Justo antes de ser crucificado, Jesus separó a tres de sus discípulos y se fue a un monte a orar. Pero mientras él orabas ellos se quedaron dormidos. Entonces el Señor regresó a ellos y les recordó que aún podían orar junto a él al menos una hora (Mateo 26:40).

Vivimos una vida de plena agitación social y económica. La gente se esfuerza cada día por cumplir sus tareas diarias, competir y adaptarse a las demandas de una sociedad cambiate. Y en medio de tal ambiente, los cristianos no podemos perder de vista nuestros propósito en Dios.

La llegada de un nuevo año puede significar un nuevo comienzo en Dios, para aquellos que se dejaron distraer por los afanes del pasado año. Para esto existen muchos medios, planes y oportunidades disponibles y gratuítos.

Siempre he hecho énfasis en cinco disciplinas espirituales, que definen la vida de un cristiano saludable.

La primera es la oración. El primer ejemplo sobre Jesús separándose para orar lo hallamos extendido por todos Los Evangelios. El Señor vivió una vida de servicio ministerial plena. También es frecuente verlo en reuniones sociales y hasta en fiestas. Pero luego lo encontramos también tratándose de alejarse de la gente y el ruido de la multitud, para estar a sola con Dios su Padre.

Existen iglesias que le proporcionan a sus miembros grupos de oración y espacios para la misma. Orar es fácil. Es simplemente expresarnos delante de Dios nuestro Padre.

La segunda tiene que ver con la lectura, el estudio y la meditación de Las Sagradas Escrituras (Juan 5:39). Cuando nosotros oramos hablamos con Dios, pero cuando leemos la Biblia Dios habla con nosotros. La Biblia es la Palabra de Dios. El cristiano debe leer sus textos cada día. Debe estudiarla y meditar en su mensaje. La Biblia es nuestra mayor identidad.

Hay muchos métodos y programas para un estudio personal de la Biblia fáciles y divertidos. Muchos de ellos los hallamos en aplicaciones telefónicas y en guías impresas.

La tercera es la Iglesia. Cada creyente que ha aceptado a Jesús como su salvador personal, debe ser parte de una iglesia y congregarse siempre (Hebreos 10:25). La Iglesia es la institución que estableció el Señor, para que sus discípulos se ayuden mútuamente en su fe, y para poner en práctica su legado de amor, perdón y compasión.

Es cierto que la salvación es algo personal que Dios opera en la vida del creyente, pero esta se expresa en una comunidad que se llama la Congregación. La iglesia no nos salva, pero nos brinda el aliento espiritual necesario para seguir adelante cada día.

La cuarta es la predicación (Marcos 16:15). La proclamación del mensaje del Señor no es una opción que el creyente elije; es un mandato. Para hablarle a otros sobre Jesús no hay que ser un experto en teología ni un prominente líder cristiano. Solo basta con tener el interés y el agradeciendo de querer que Dios haga en otros la Obra que él operó en nosotros. Solo basta hablarle un momento a otros sobre Jesús. O aconsejar a otros creyentes.

Finalmente la quinta tiene que ver con nuestro compromiso con nuestra congregación y la causa del evangelio por medio de nuestra contribución económica (Malaquías 3:10). Cuando un creyente diezma y ofrenda en su iglesia local, está ayudando al sostenimiento de la Obra de Dios en esa localidad. Está ayudando al fortalecimiento de su comunidad de fe.

La Iglesia del Señor es una institución divina aquí en la tierra. Por lo que fiscalmente está sujeta a las mismas leyes económicas que las demás instituciones terrenales. Es un compromiso de los miembros locales sostener y velar por el buen desempeño y desarrollo de su congregación.

Muchas iglesias han modernizados sus medios de ofrendar, y ya cuentan con redes sociales y páginas web que aceptan pagos con tarjetas electrónicas. Lo que le permiten a sus miembros ofrendar desde cualquier lugar y momento.

Esto no indica que Dios necesita de nuestros recursos o medios para llevar a cabo su Obra. El ofrendar es un actor de amor, compromiso y agradecimiento con Dios.

Al iniciar este nuevo año tenemos suficiente tiempo para reorientarnos y saber planificar mejor nuestro tiempo y recursos, para seguir siendo gente social y productiva sin fallar a nuestro compromiso de fe.

Por el Pastor Ruddy Carrera.

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Hasta aquí nos ayudó Jehová (1 Sam. 7:12).
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