Correspondencia de 1861 del cónsul inglés Martin J. Hood sobre los matrimonios protestantes en la República Dominicana

El Honorabilísimo

Lord John Russell

No. 8

Santo Domingo 12 de febrero de 1861

Mi Lord

Para la información de Su Señoría tengo el honor de adjuntar la copia con su traducción de un decreto expedido por el general Santana el cual ordena que los matrimonios civiles no serán considerados válidos si no han realizado la ceremonia religiosa.

Esta disposición se refiere a los matrimonios en los cuales una o ambas partes son católico-romanas, sin ninguna provisión para los matrimonios entre protestantes o entre personas que profesan cualquier otra religion y en cuyo preámbulo Su Señoría advertirá la acotación de que la Constitución reconoce la religión católica, apostólica y romana como la única y exclusiva religión del Estado.

Esta última afirmación no es correcta porque la Constitucion simplemente dice que “la religión católica, apostólica y romana es la religión del Estado”. Lo anterior no excluye ninguna otra religión y el tratado entre Gran Bretaña y esta Republica garantiza claramente la perfecta libertad de consciencia y el ejercicio de credos religiosos.

La necesidad de una ceremonia religiosa no es el gran problema en el caso de la iglesia católica, en cambio la dificultad se presenta cuando una de las partes no es católica, apostólica y romana. En efecto, el clero se niega terminantemente a realizar la ceremonia religiosa a menos que ambas partes sean católicas, apostólicas y romanas y que se confiesen inmediatamente antes del matrimonio.

Hasta ahora el contrato civil ha sido reconocido como una prueba del matrimonio que resguarda a todos aquellos que no son católico-romanos, especialmente a las personas británicas, ante las dificultades que se presentan ahora.

A mi me parece que ese decreto interfiere los derechos de los británicos que están garantizados por el tratado y por consiguiente deseo llamar la atención de Su Señoría sobre este asunto y requerirle que me proporcione las instrucciones sobre la materia como lo amerita el caso. El decreto ha causado una sorpresa general no solo en lo tocante a su contenido sino también a su forma.

Su Señoría advertirá que el general Santana aprovechó los poderes extraordinarios que le fueron conferidos para expedir el decreto sin consideradar necesario consultar la opinión del Senado. Esta es una medida asaz insólita y además que parece totalmente innecesaria porque es bien sabido que el Senado es un cuerpo servil que obra meramente para legalizar los actos del gobierno actual.

Todo el decreto es innecesario en el sentido en que ha sido formulado porque en este país los matrimonios son la excepción a la regla ya que los dominicanos de todas las clases, desde los miembros más altos del gobierno, prefieren vivir en abierto y público concubinato a atarse a una mujer mediante el matrimonio e incluso en aquellos casos en los cuales se ha celebrado la ceremonia matrimonial la decencia es tan poca que los hombres llevan a sus casas a las concubinas quienes viven en feliz armonía con las esposas legales.

Su Señoría podría considerar ésta como una afirmación exagerada, pero siento decirle que no lo es, y como ejemplo, y uno bastante imparcial, me permito citar el caso del general Abad Alfau, el vicepresidente de la Republica, quien no obstante ser un hombre casado y con una familia con hijas en crecimiento, sedujo a la hija del senador Abreu con la cual ha estado viviendo varios años. Pero ahora que ella ha perdido su belleza y atractivo anteriores y tiene una familia amplia con hijos, él la puso en la calle en los últimos dias para tener otra mujer más joven y atractiva. Este no es un caso aislado. Lo he mecionado debido a la posicion del general Alfau, pero casi la misma historia se puede contar de poco más o menos cada familia dominicana.

Como el decreto no tiene un propósito evidente, sólo puedo atribuir su publicacion al deseo de complacer a las autoridades españolas, imitando el fanatismo de España o con el fin de demostrar el sentimiento hostil que últimamente el gobierno dominicano ha exhibido hacia Gran Bretaña.

Tengo el honor de ser, con el mayor respeto, mi Lord, Su Señoría, el más obediente y humilde servidor

Martin J. Hood (rúbrica)

FO. 23/43 fos. 67-70.

Correspondencia Consular Inglesa sobre la Anexión de Santo Domingo a España, Juan Marte, pág. 33. Archivo General de la Nación Santo Domingo, 2012, vol. CLXXVI.