La disciplina en la Iglesia, es un factor determinante en el ministerio del pastor local ¿Es bíblica la disciplina en la Iglesia? ¿Por qué la iglesia disciplina a sus miembros?

La disciplina a lo interno de cualquiera congregación, es un tema que a veces une a los miembros, y a la vez los divide.

En la mayoría de los casos una congregación cristiana, castiga ministerialmente a un miembro, cuando este ha cometido una falta grave, que evidencie un pecado.

Esto es lo primero ante nada. La persona disciplinada debe ser un miembro de la Iglesia local. O sea que una iglesia no debe disciplinar a una persona que visite la congregación, sin este ser miembro en plena comunión de la misma.

 Lo segundo es que, quien disciplina es el cuerpo de oficiales de la Iglesia. El pastor local y sus oficiales, son los que pueden disciplinar a un miembro de la iglesia local. Un laico, no puede disciplinar a otro laico. Pero sí puede aconsejarle, sobre una situación determinada; si es que se siente en la confianza y en la capacidad para hacerlo. Para imponerse una disciplina debe de haber suficientes indicios (2 co. 13:1). Y debe ser comunicado al resto de la congregación.

Pero ¿Es bíblica la disciplina? Sí. En la Biblia hayamos muchos casos, cuando la Iglesia Primitiva disciplinó a algunas personas. O sugirió a los líderes locales hacerlo. Y En otros casos, denunció sus situaciones. Estos son algunos ejemplos:

  1. Judas. Jesús puso en evidencia su pecado (Mt. 6:23).
  2. Ananías y Safira. Pedro puso en evidencia su pecado (Hch. 5:3).
  3. Pablo excluye a Juan Marcos de su ministerio por irresponsabilidad (Hch. 15:36).
  4. Pablo planea disciplina, para algunos creyentes rebeldes de Corinto (2 Co. 10:2).
  5. Pablo sugiere la expulsión, de un miembro de la Iglesia de Corinto por fornicario (1 Co. 5:5).
  6. Pablo sugiere disciplina a algunas mujeres de Corinto (1 Co. 14:34).

Evidentemente el motivo de la disciplina, debe estar encaminado siempre, a ayudar al creyente en su condición espiritual. A restaurarlo espiritualmente. De modos que en este proceso de la vida del creyente, la iglesia debe acompañarlo, y no abandonarlo.

Lo correcto es que el creyente cese toda actividad ministerial pública, y tome tiempo para la oración, el estudio de la Palabra, la meditación, y la revisión de su vida espiritual. Las mayorías de las congregaciones ponen una fecha límite o tope, para quitar la disciplina. Pero es correcto que el mimbro disciplinado, muestre arrepentimiento, con palabras y evidencias, antes de ser aceptado nuevamente, en las actividades de la congregación.

La disciplina, solo traerá malestar y división, cuando el proceso no se hace con las suficientes evidencias, y la debida transparencia. Al menos que no se trate de una congregación muy inmadura, y falta de santidad.

A veces una orientación espiritual, una amonestación con palabra, y un buen consejo pueden ser suficientes para ayudar a una persona en su caminar con Dios. Uno de los mayores ejemplo, fue la negación de Pedro (Jn. 18:27). Luego de la resurrección, el Señor no lo confronta por su pecado, sino que le cuestiona sobre su lealtad, y le brinda una segunda oportunidad (Jn. 21:15-19).

Esto es lo que la biblia dice de la disciplina del Señor:

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados (Heb. 11:12).

Autor: Rev. Ruddy Carrera.

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