La mayoría hemos soñados con viajar a lugares lejanos y exóticos, y explorar tierras desconocidas. Conocer gente raras, nuevas culturas y lenguas.

Esto se oye como a un sueño infantil. Pero en la vida real, este es el mundo, de muchos hombres de Dios, que han decidido dejar la civilización, para adentrarse en mundos desconocidos e inexplorables, con tal de alcanzar con el mensaje del evangelio a la gente nativa. Y les aseguro, que aunque es una linda obra; humanamente no es nada agradable.

A este ministerio, los cristianos lo han denominado misión. Y quienes lo ejercen, entonces son misioneros cristianos.

Aunque desde una perspectiva, del sentido bíblico de la Gran Comisión, todos somos misioneros. Y todos estamos llamados, a hacer la Obra de Dios, empezando por nuestra zona donde vivimos, y con nuestra gente más cercanas. Si no amamos a la gente de nuestro entorno, difícilmente amaremos a gente desconocida, lejana y extraña.

El misioneros, en la mayoría de las veces, es un personaje entrenado para tal rol. De modos, que el misionero es un profesional. La mayoría de los misioneros, se preparan durante largos tiempos, en escuelas de ministerios, universidades y seminarios.

Pero también, una gran gama de profesionales, de diversas áreas, han sido llamados al campo misionero; especialmente médicos. Y en la mayoría de los casos, ellos cumplen también, una función pastoral efectiva.

Sin embargo, con el auge del crecimiento, de las denominaciones cristianas; ya el campo misionero, se ha visto minado de gente, de todos los extractos sociales. Y a pesar de que esto ha sido en beneficio, del crecimiento del evangelio; no siempre ha sido un crecimiento sostenible y teológicamente viable.

Gracias al esfuerzo misionero, se han descifrado el significado de lenguas. Se han inventado nuevas formas de escrituras, con el propósito de traducir la Biblia, y conectar pueblos impenetrables con el resto de la civilización. Se han abierto nuevas rutas. Se han construido templos, escuelas, hospitales, y hogares para pobres y desamparados.

Pero de la misma manera, en que estos ministros de la Palabra, se esfuerzan en hacer grande la Obra de Dios; no se quedan los que ven este ministerio, como una oportunidad, para buscar sus propios beneficios.

Este tipo de misionero, no tiene una intención de hacer misiones en sí, ni de convertirse en pioneros. Su intención es siempre, presentar ministerios ajenos, como parte de su obra misionera.

Y esto es posible, gracias a la confianza, que muchos patrocinadores depositan en sus enviados. A veces esta es una confianza ciega, que no hace el esfuerzo, por corroborar los datos que reciben. En algunas ocasiones la distancia, y la falta de deseo de los partners, juegan a favor del misionero, que miente en sus informes. Convirtiéndose los segundos en víctimas, y los primeros en lo que hemos catalogados como “misioneros pantallas”.

Este término lo he acuñado, porque a mi entender es el que mejor expresa la idea, de aquellos que presentan, trabajos ajenos como suyos.

Estos tipos de misioneros, le ocasionan grandes pérdidas a ministerios originales; que en vez de recibir los recursos necesarios para desarrollarse, estos recursos terminan fugándose a manos ajenas. De modos que los ministerios originales, se convierten en las segundas víctimas, de estos holgazanes metidos al ministerio.

Como escribí al inicio “todos estamos llamados, a hacer la Obra de Dios, empezando por nuestra zona donde vivimos, y con nuestra gente más cercanas. Sino amamos a la gente de nuestro entorno, difícilmente amaremos a gente desconocida, lejana y extraña”.

Y esta idea encaja muy bien en estos casos. Los misioneros pantallas, casi siempre fueron gente, que en sus iglesias, nunca se preocuparon por las condicione espiritual y material de nadie; pero sí vieron una oportunidad en beneficiarse de estas condiciones de los demás.

Finalmente todos terminamos perjudicados con este tipo de mentira; pues gente bien intencionada y preparada se alejan del ministerio, o se endurecen a la hora de ofrendar.

Autor: Rev. Ruddy Carrera.

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