Misioneros que acosan con sus cámaras

Por lo visto, las cámaras para los misioneros se está convirtiendo en una herramienta de trabajo, que aveces es hasta más usada, que la propia Biblia.

Solo basta ver, cuantos misioneros andan con una Biblia, durante su jornada evangelística, y mirar en el mismo sentido, cuantos están haciendo uso de sus cámaras constantemente mientras predican.

Las cámaras se están convirtiendo en un obstáculo, a la hora de obtener conversiones, durante los viajes misioneros. Porque las mayorías de aquellos, que toman fotografias de la gente a quienes están evangelizando, casi nunca le piden permiso  para fotografiarlos o grabarlos. Y esto tiende a asustar y a intimidar a los nativos.

Alguien me comentó, que los pobres sobre todo, son los más abiertos a recibir visitas de extraños en sus casas. Y esto es cierto, desde mi propia experiencia.

Pero cuando un predicador está predicando, y de momento sin haberlo anticipado, saca su cámara, y empieza a tomar fotografías, de la gente y cosas, esto rompe el lazo de confianza, que empezó a establecerse inicialmente, y crea una barrera de desconfianza, y descrédito.

La gente ya no confía en las redes sociales, y nadie quiere aparecer en la Internet o televisión, sin previo consentimiento. Y sin estar peinado y limpio, por así decirlo llanamente.

De igual modos, no es de buen gusto, que a la casa de la gente, llegue un grupo de desconocidos, y empiecen a tomar fotos de su casa, niños y animales, sin explicar para que fin usarán tal material.

Transcurrido los minutos, lo único que los anfitriones quieren, es que los visitantes o misioneros se retiren, para volver a retomar su privacidad.

Entonces a la hora de disparar su cámara, lo correcto y ético es pedir permiso a la gente.

Imagen de portada/dzoom.

Por Rev. Ruddy Carrera.