Pastores hechiceros

La hechicería es una práctica oscura y abominable, tan antigua que su prohibición y mención, aparece en los primeros libros de la Biblia.

Uno de los casos bíblicos más notables y conocidos, es el del Rey Saúl; quien después de ser desechado por Dios, en su desesperación acudió donde una adivina, para invocar al Profeta Samuel, quien ya había muerto (1 Samuel 28:7).

En países de África, en Cuba y Haití, el sincretismo religioso, está tan arraigado a sus culturas y formación humana, que muchos cristianos, no saben diferenciar lo mágico de lo bíblico.

Por ejemplo, en Haití el Vudú es una religión oficial, practicada y venerada casi por todos.

Y en la excepción de aquellos que no la practican, creen al menos en los poderes que posee sus brujos y sacerdotes. Otros más que no son sus adeptos, la respetan profundamente, por asuntos históricos y culturales.

Dadas estas condiciones, no es raro escuchar en Haití, por ejemplo, las historias de pastores, que no dudan en hacer arreglos con el Vudú y algún brujo, con tal de que su iglesia crezca. O por lo que sería lo contrario; para que otra iglesia no crezca.

Buscan trabajos de brujería, para que sus cultos y finanzas se mantengan punteros, sin muchos esfuerzos.

Esto parecerían leyendas, sacadas de países mágicos; pero les aseguro que son el testimonio, de muchos de sus protagonistas. Y en algunos casos, yo mismo he sido testigo visual de estas prácticas.

En mis últimos dos viajes a Haití, yo he experimentado experiencias sobrenaturales que me han intrigado.

Dos veces he entrado a dimensiones espirituales, donde he visto un espíritu llegar y desaparecer no antes sin interrogarme.

En otra ocasión, mientras visitaba un banco junto a mi compañero pastor, y a un profesor cristiano, el banquero dueño del banco se me acercó, y me ofreció hacerme rico y hacendado ese mismo día; solo si aceptaba su trato de casarme con una de las mujeres que él me indicara. Fue muy insistente, a pesar de que le expliqué que tenía mi esposa e hijos a quienes amabas, y que yo era un pastor. Lo de ser pastor pareció alentarlo más.

Recientemente supimos que un pastor, representante de una importante institución en la República Dominicana, quien visitó a un brujo en Haití, para buscar protección, para no perder su empleo, antes la noticia inminente de que lo despedirían del trabajo.

Una vez una hombre de mi iglesia, se fue a vivir a una lejana montaña, donde no habían iglesias.

Y él mismo decidió juntar otros amigos, e iniciar una iglesia en su casa. Para eso contactaron a un señor, que había sido pastor en Haití, por muchos años.

Al cabo de un tiempo, me enviaron a buscar para que los organizara y los apoyara.

Como no conocíamos al pastor, entonces empezamos una investigación, para conocerlo mejor, a medidas que apoyabamos la nueva iglesia.

Pasado algunos meses, descubrimos que el hombre era un curandero, que cobraba dinero por las oraciones y milagros, y que un año antes, había pasado 8 meses en la cárcel, por haber violado a una niña enferma de 12 años. Esta niña fue llevada por su madre a la casa del pastor, para que se la sanara.

El hombre admitió todo. Excepto lo de ser un violador.

La Fiscalía nos explicó que lo debieron poner en libertad, porque el padre de la menor murió en el proceso, y la madre al estar sola, debió volver a Haití, y entonces nadie volvió a presentarse en el juicio.

En una ocasión un equipo misionero de jóvenes, de una importante Iglesia de los Estados Unidos, vino a conocer nuestra misión, junto al director en nuestro país de la más importante agencia misionera evangélica del mundo.

El primer día dividimos el equipo en grupos, y le asigné un equipo con la líder del equipo a mi pastor compañero de ministerio; un joven pastor aun en formación.

Entraron a la casa de un brujo, a quien ya le estábamos evangelizando la familia. La casa aún portaba la bandera de color, típica de los brujos del vudú.

El brujo intentó acusar a mi pastor, antes los misioneros (quien era un hombre respetado y serio en el pueblo) de ser un estafador y ladrón. Y de que se robaba las ayudas que llegaban a la iglesia.

Ciertamente resulta que todo era mentira, y una trama del hechicero, porque el pastor no manejaba ayudas; y nuestro ministerio en sí no tiene aún un programa de ayudas. Y cuando alguna ayuda aparece de vez en cuando, es donada por su dueño.

Sucede que los misioneros le creyeron al brujo, y a pesar de que le explicamos que era mentiras, y de que era un brujo conocido en el área; decidieron cancelar la misión, irse y amenazarnos con hacernos un informe negativo, frente a su pastor, y no volver. Y así lo hicieron.

En conclusión, parece que los pastores hechiceros y los brujos en sí, tienen más credibilidad que aquellos que no queremos pactar con el Diablo.

Por Rev. Ruddy Carrera.

Imagen de portada|CNN.