¿Pueden los inconversos hablar desde el púlpito de la iglesia?

A menudo hemos visto importantes personalidades, hablando desde el pódium de algunas iglesias ¿Podemos considerar esto una abominación, o falta de respeto a las instituciones cristiana?

No hay dudas de que la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Y todos los elementos materiales, que la iglesia emplea, para su culto y ministerio, son satos. Donde santo es la raíz hebrea kadosh, que en el AT. Tiene una connotación, de algo que ha sido separado para Dios (Lev.6:9; 10:2-3; Num. 16:3;  1 Sam. 6:20; Is. 58:13). En el nuevo testamento la idea es la misma, empleándose la raíces gr. hagios, hagnos y sus derivados (Mt. 24:15; Lc. 11:20; Ap. 21:2). No solamente estos elementos son dedicados a Dios; sino también los que participan en ellos, y de ellos (Jn. 17:7; 1 Co. 12; 2 Co. 7:1; Ef. 1:4).

Entonces partiendo de esta idea, estrictamente bíblica, el púlpito solo debe ser usado, para los asuntos que tienen que ver con la adoración, y la edificación del creyente. Y quienes participen en él, deben ser personas consagradas, o aptas para tales fines. De lo contrario estaríamos profanando la casa de Dios, que en este caso sería una abominación. Este último término importa mucho, cuando a este tema nos referimos. Ya que en el AT. Tōʻēḇā, o abominación es usado en toda la bibla, para lo que está prohibido por el Señor. Y aunque la Biblia no le prohíbe a un inconverso, hablar desde el pódium de una iglesia, sí lo expresa en todos sus trasfondos. Y los judíos se iban más allá, al prohibirles a los gentiles, entrar a sus sinagogas y hasta  comer con ellos. En el NT. Encontramos la designación de oficiales cristianos para estos asuntos de la administración del culto.

Sin embargo no debemos irnos a los extremos, cuando de estos asuntos se trata. El problema, no es quien hará uso de sus palabras frente a una congregación; sino que va hablar. Quizás una personalidad desee usar el escenario de la iglesia, para hacer un importante anuncio, a favor de causas nobles. Esto no perjudicaría en nada a la Iglesia. Y quizás más bien sea una oportunidad, para influenciar con el evangelio al personaje, y a quienes fue dirigida su alocución.

Pero para lo que no se debe usar el escenario de un culto es para campañas políticas, fiestas seculares, y causas de odios. Y quienes deseen hacer uso de sus palabras, no sean personajes moralmente cuestionables.

Ante nada, todos los presentes deben asegurarse de entender que están en la casa de Dios, y que por lo tanto, deben ser reverentes y coherentes, con el propósito del culto.

Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos (Is. 56:7).

Auto: Rev. Ruddy Carrra.