¿Quienes pueden suministrar la Santa Cena?

Hace tres años, me invitaron a un desayuno reunión, a un hotel de Santo Domingo. Se trataba de unos misioneros laicos, que habían estado ayudando en nuestro Ministerio. Era su día final libre, y caía Domingo.

Llegué temprano, y era hora del devocional. Después que cantaron una canción en inglés,  vi a unas mujeres y hombres, aparecer con el vino servido en copas, y los panes para la comunión. Los conocía a todos, y sabía ciertamente que ninguno era oficial de Iglesia alguna.

Sirvieron y nos sirvieron, porque yo y mi compañero, presidente de la Convención Nacional, éramos los únicos pastores ahí ¿Qué podíamos hacer? Nos miramos y con gestos faciales, parecíamos aprobar participar, para no entrar en polémicas.

Entonces, un grupo de láicos se reúnen, dos pastores llegan, y los primeros siguen adelante con la administración de la comunión, sin considerar que dos oficiales de iglesias, autorizados para tal tarea, se encontraban entre ellos.

Desde esta perspectiva, bíblicamente ¿Quiénes están habilitados para esta tarea? Y si no hay oficiales de la Iglesia ¿Pueden los laicos asumir estos roles?

La Biblia reconoce dos oficiales en la Iglesia: diácono y pastores (1 Timoteo 3).

Estos son competentes, para realizar la Santa Cena, bautismos, y bodas cristianas. Los primeros dos, son los sacramentos de la Iglesia, constituidos por el Señor Jesús.

Esta competencia, es debido a su ordenación, para tal ejercicios de funciones, a la autoridad que le confiere El Señor en su Palabra, la Iglesia local, y la sociedad que lo reconoce como tal.

Luego hay dones y ministerios, para todos los miembros de la Iglesia, como cuerpo de Cristo (1Corintios 12).

Es el Espíritu Santo, quien capacita con sus dones. Los pastores deben tener dones y ministerios. Los miembros de la Iglesia, deben tener dones, y pueden participar y dirigir ciertos ministerios, de la iglesia local; pero no siempre tienen llamados al ministerio pastoral. No podemos confundir dones con ministerio, ni ministerio con dones.

Desde el tiempo de Jesús nadie quiere ser Obrero, no quieren servir como diáconos y pastores (Mateo 9:37), pero sí quieren usurpar las funciones de estos, y disfrutar de los beneficios espirituales y sociales de se derivan del ministerio. Es como decir: “yo no soy pastor, no tengo llamado, no quiero llamado, pero puedo hacer todas las funciones de este ministerio, sin asumir ningún compromiso que me ate”.

El Ministerio se ha desvalorado, se ha desvaluado, se ha cualquierizado, y está en el mayor nivel de crisis, presión, ataque y secularización, por parte de la misma Iglesia, que como el mundo, ha empezado a profanarlo todo.

Imagen de portada/Church leaders.

Por Rev. Ruddy Carrera.