Por el Pastor Ruddy Carrera.

El tema del bautismo, ha venido a ser uno de los puntos doctrinales más controversiales de la Iglesia evangélica. Para los cristianos evangélicos, el tipo de bautismo, ya no es un punto de análisis, pues gracias a la influencia de los bautistas, la mayoría de las iglesias protestantes rechazan el bautismo de infantes; y el bautismo predominante es por inmersión y no por aspersión. Donde el único requisito es la conversión de la persona.

Ahora el punto que divide es ¿Cuándo podemos bautizar a un nuevo creyente?

La Biblia enseña que la conversión va seguida del bautismo. Uno de los casos más claro, lo constituye la historia de Felipe y el Etíope, un “funcionario de Candace reina de los etíopes”, Hechos 8: 26-40. El funcionario estaba leyendo en su carruaje, el texto mesiánico de Isaías 53:7. Felipe se acerca al carro, y al explicarle el texto “le anunció el evangelio de Jesús”. Y el hombre fue salvo.

 Los versos 36-39 dicen:

Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

Este caso nos evidencia que Felipe le predicó y el hombre fue salvo, y en el mismo camino se bautizó. Y ambos continuaron sus rutas.

Muchas congregaciones, postergan el bautismo de los nuevos creyentes; alegando que primero, deben ser discipulados y también ser adoctrinados, para luego ser bautizados. Sin embargo a la luz de Las Sagradas Escrituras, por más precautelo que esto suene, carece de todo fundamento bíblico. Porque: A) Un creyente que aún no se ha bautizado, no es un discípulo de Cristo. El bautismo es un símbolo, de nuestro nuevo nacimiento; una señal y confesión pública, de que en verdad hemos decidido, ser discípulos de Cristo. B) No se debe discipular a alguien que aún no ha sido bautizado. No es bíblico, ni forma parte de la naturaleza del cristianismo bíblico. Y, C) Es un error adoctrinar a alguien que aún no es discípulo de Cristo. La doctrina de la Iglesia es para sus miembros. El bautismo no nos hace miembros de la iglesia local; sino que es el principal requisito, pero no el único. Un creyente no es miembro de su iglesia, por haberse bautizado.  Sino porque la congregación, lo admitió como miembro suyo; cuando éste después de haberse bautizado, aceptó sus reglamentos.

Otro caso muy parecido es el de Pablo, Timoteo y el Carcelero de Filipos. El hombre impresionado por el buen testimonio de Pablo y Timoteo; les invitó a su casa, y en esa misma noche fue salvo y bautizado con el resto de su familia.

Y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos (Hechos 16:30-33).

Todo esto ocurrió en una noche. No fue necesario tomar un curso de varios meses, y hacer solemnes juramentos.

Para ser discípulo de Cristo debemos bautizarnos: Y así lo enseña el mismo Señor Jesucristo en la Gran Comisión:

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:19).

Si el nuevo creyente desea ser un verdadero discípulo de Cristo, no se le debe demorar su deseo; pues el bautismo es solo para los salvos. Y si la persona ha sido salva; entonces no debemos quitarle su derecho al bautismo. El bautismo es un derecho divino del creyente.

El siguiente pasaje, describe el ministerio de Juan el Bautista. Juan centró su ministerio en predicar el nuevo nacimiento, seguido de confesión de pecados y del bautismo. Y esto es lo que dice Mateo sobre Juan.

Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados (Mateo 3:5-6).

No debemos perder de vista, que Juan fue quien bautizó al propio Jesús. Y lo único que puedo ver aquí es a la gente, escuchando el mensaje de Juan, confesando sus pecados y bautizándose. Dice el autor, que salían a él ciudades enteras para ser bautizados.

Unos alegatos que son muy comunes escuchar, entre los que defienden darle un tiempo al nuevo creyente, ante del bautismo son: “es porque los tiempos han cambiados, y hay mucho pecado. O mucha gente se convierte y al poco tiempo se descarrían”.

Pero en cuanto al pecado; los tiempos no han cambiado. El hombre es tan malo y depravado como en los tiempos bíblicos. Y la salvación es una obra del Espíritu Santo, no nuestra (Juan 16:8; Efesios 1:13). De modos que no debemos intentar adivinar quienes se van a quedar y quienes no; pues desde antemano ya Dios lo sabe (Efesios 1:4).

El bautismo no salva; es una evidencia de nuestra salvación. El bautismo es una buena obra; y no somos salvos por obra, sino por la Gracia de Dios (Efesios 2:8-9).

Finalmente de todo esto solo deseo invitarles a que consideremos lo que la Biblia enseña al respeto. Pues nosotros no tenemos más autoridad que: Jesucristo, Juan el Bautista, Pablo, Timoteo, Felipe. Y Lucas y Mateo quienes también escribieron algunos de estos relatos.

Hasta aquí nos ayudó Jehová (1 Sam. 7:12).
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