Significado bíblico del arrepentimiento

El significado bíblico de arrepentimiento es dejar el pecado o cesar de pecar definitivamente, es redimirse de cualquier acción mala o dañina. Arrepentirse es cambiar de opinión. El arrepentimiento es girar de una dirección a otra.

El significado bíblico de Arrepentimiento es una base en la cual podemos en algún momento, circunstancia o razón de ser en la que podemos valernos para el buen caminar, sin perder el rumbo y la guía de las enseñanzas que quiere Dios que demostremos a lo largo de nuestras vidas y que nos servirá como arma para que nuestro ser o alma pueda lograr entrar en el reino de los cielos.

“El concepto de arrepentimiento es clave para entender el Nuevo Testamento y lo que significa andar con Dios. Ese fue el mensaje de Juan el Bautista y del Señor Jesús, y también está enfatizado en las epístolas y en el libro de Apocalipsis. Puesto que el arrepentimiento es un tema tan prominente en las Sagradas Escrituras, es fundamental que entendamos lo que es y lo que produce” (Dr. Charles Stanley).

¿Qué es el arrepentimiento ?

“En la Biblia, la palabra “arrepentirse” significa “cambiar tu mente”. La Biblia también nos dice que el verdadero arrepentimiento tendrá como resultado un cambio de conducta (Lucas 3:8-14; Hechos 3:19). Hechos 26:20 declara, “sino que anuncié……, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”. La completa definición bíblica del arrepentimiento, es cambiar de mentalidad, que resulta en un cambio de acciones y actitudes” (Got Question). Vea la fuente original aquí.

En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 3. 1-2

Jesús también uso las mismas palabras, Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 4-17

La siguiente es una fuente citada de jba.gr. Vea la fuente original aquí

“En Jueces 10, encontramos el registro de los Israelitas peleando contra los Amonitas. El verso 6 describe la condición espiritual de Israel en aquel tiempo.

Jueces10:6.
“Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales y a Astarot, a los dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos; y dejaron a Jehová, y no le sirvieron”.

Como han hecho muchas veces en el pasado, los hijos de Israel abandonaron al Señor y siguieron a los dioses de las naciones de alrededor. Este comportamiento no le fue indiferente al Señor. Los versos 7 al 9 dicen:

Jueces10:7-9.
“Y se encendió la ira de Jehová contra Israel, y los entregó en mano de los filisteos, y en mano de los hijos de Amón; los cuales oprimieron y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo dieciocho años, a todos los hijos de Israel que estaban al otro lado del Jordán en la tierra del amorreo, que está en Galaad. Y los hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer también guerra contra Judá y contra Benjamín y la casa de Efraín, y fue afligido Israel en gran manera”.

El fruto del comportamiento de los hijos de Israel fue profundo desastre. Al final, los pueblos cuyos dioses habían escogido servir se convirtieron en sus opresores. Afortunadamente en su desastre se volvieron al Señor, el verso 10 dice:

Jueces10:10.
“Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo: Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a nuestro Dios, y servido a los baales”.

Como el hijo pródigo del evangelio de Lucas tomó la decisión de regresar a casa, confesando su pecado, cuando la tierra rica fue golpeada por el hambre, así también los Israelitas durante este profundo desastre se volvieron al Señor y confesaron su pecado. Luego los versos 11 al 14 dicen la respuesta del Señor:

Jueces10:11-14.
“Y Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los filisteos, de los de Sidón, de Amalec y de Maón, y clamando a mí no os libré de sus manos? Más vosotros me habéis dejado, y habéis servido a dioses ajenos; por tanto, yo no os libraré más. Andad y clamad a los dioses que os habéis elegido; que os libren ellos en el tiempo de vuestra aflicción”.

Israel era el pueblo escogido de Dios. Él los había salvado muchas veces, otra vez y otra vez, solo para verlos traicionar una vez más. Sin embargo ¿A caso no los perdonaría de nuevo? ¿A caso se habría acabado Su perdón y los rechazaría para siempre? Los versos 15-16ª nos dicen lo que los hijos de Israel hicieron después de la respuesta del Señor:

Jueces10:15-16ª.
“Y los hijos de Israel respondieron a Jehová: Hemos pecado; haz tú con nosotros como bien te parezca; sólo te rogamos que nos libres en este día. Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a Jehová”

La primera vez que Israel fue al Señor, LOS DIOSES AJENOS AUN  ESTABAN  ENTRE ELLOS. Confesaron que habían pecado. Sin embargo, ¿Se habrían arrepentido verdaderamente cuando aún tenían sus dioses ajenos? La confesión de pecado no es necesariamente arrepentimiento del pecado. El genuino arrepentimiento tiene que ver con el corazón y está acompañado del cambio del mismo. En el verso 10 los Israelitas confesaron que habían pecado pero los dioses ajenos todavía estaban ahí. Es por eso que yo creo que Dios los mandó a sus ídolos cuando les dijo “vayan y clamen a los dioses que han escogido”. ¡Esos dioses seguían ahí! Solamente hasta el verso 16 fue que Israel los quitó y comenzó a servir de nuevo al Señor. Inmediatamente después de eso vemos la reacción del Señor:

Jueces10:16.
“Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a Jehová; y Él fue angustiado a causa de la aflicción de Israel”.

Tan pronto como Israel se arrepintió verdaderamente, y eso no era obvio por sus respectivas acciones, ahí estaba Dios para librarlos una vez más. Tan pronto como se arrepintieron, el Señor se angustió a causa de su aflicción. Jueces 11-12 nos describen cómo los libró del pueblo de Amón. No lo hizo porque eran justos o porque estaba seguro de que se iban a volver a Él de nuevo. De hecho, en el capítulo 13 los vemos apartarse de Él una vez más. Lo hizo solo porque los amaba, y una que vez habían vuelto a Él honestamente, ahí estaba, independientemente de lo que habían hecho o de lo que harían en el futuro.

1. El corazón de Dios – el caso de Acab.

Me encantan los libros históricos del Antiguo Testamento. Son como pequeñas biografías que demuestran cómo el Señor obró con varias personas buenas y malas. Ahí, en 1 Reyes encontramos, entre otros, el registro de un rey muy malo, el rey Acab. 1 Reyes 16:30-33 y 21:25 nos da el “CV” y sus… logros:

1 Reyes16:30-33.
“Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró. E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel”.

Y 1 Reyes 21:25.
“A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba”.

Acab es descrito como el rey más malo de Israel. Nadie era como él en maldad. Elías, lo confrontó en 1 Reyes 21 y ahí leemos:

1 Reyes21:20-22.
“Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel. Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel”.

Ese fue el veredicto del Señor en contra de Acab. El y su familia no tuvieron un buen final. Aún así, no pensemos que eso le agrada a Dios. Como en Ezequiel 18:23 dice:

Ezequiel18:23.
“¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?”

A Dios no le agrada juzgar al impío sino verlo arrepentirse. Quien se arrepienta es aceptable ante el Señor. Sin embargo ¿A caso eso estaría a disposición incluso de Acab, el rey más malo de Israel? Los versos 27-29 dicen:

1 Reyes21:27-29.
“Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado. Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa”.

El juicio de Dios estaba sobre toda la casa de Acab. Sin embargo, su arrepentimiento y el hecho de que se humilló ante el Señor, fueron suficientes para posponer el juicio por la gran maldad que él y su familia habían hecho. Desafortunadamente, después él y su familia continuaron en la maldad –ver el ejemplo 1 Reyes 22 y 2 Reyes 3:1-2- y la decisión del Señor que Elías anunció sin duda se llevó a cabo en los días de Joram, el hijo de Acab (ver 2 Reyes 9-10).

2. El corazón de Dios: el caso de Manasés.

Acab no fue el único rey de Israel que hizo lo malo. De hecho, hubo muchos otros que se portaron como él. Uno de ellos, rey de Judá que esta vez fue Manasés el hijo de Ezequías, quién desafortunadamente no es conocido por las mismas razones que su padre. En el resumen de su reinado dado en 2 Crónicas 33:2, 9 leemos:

2 Crónicas 33:2
“Pero (Manasés) hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel”.

Y 2 Crónicas 33:9.
“Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.”

Como se ve, Manasés era la contraparte de Acab en Judá. Ambos sobrepasaron la maldad de las naciones que habitaron su tierra. La maldad de Manasés y el pueblo fue confrontada por el Señor pero sin resultado: no se arrepentían. Los versos 10-11 dicen:

2 Crónicas 33:10-11.
“Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon; por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia”.

El Señor trató de corregir al rey y a su pueblo. No quería ver a Manasés en el estado en que terminó. Sin embargo, sin arrepentimiento eso era inevitable. Afortunadamente, así como con los Israelitas en Jueces 10, la aflicción resultada era también un punto de decisión para Manasés, quien ahora había comenzado a buscar al Señor.

2 Crónicas 33:12-13.
“Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino”.

Cuando Manasés estaba en Jerusalén en paz, Dios le hablaba pero Manasés no escuchaba. Ahora que estaba en cadenas, era el turno de Manasés de comenzar a hablarle a Dios, HUMILLÁNDOSE ante Él. Vamos a ver si escuchó el Señor:

2 Crónicas 33:12-13.
“Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios”.

Cuando estaba en Jerusalén, Manasés se convirtió en otro campeón de la maldad. Sin embargo cuando en aflicción se volvió al Señor, Dios no empezó a calcular la maldad que este rey había hecho sino que “fue atendido”, y restaurado el rey arrepentido volvió a su trono.

3. El Corazón de Dios: el caso de Nínive.

Este caso es el tema del corto libro de Jonás. El Señor le habló a Jonás y le dio una tarea específica. Los versos 1 y 2 dicen:

Jonás 1:1-2.
“Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí”.

Todos probablemente sabemos lo que Jonás inicialmente hizo y cómo desobedeció a Dios –su caso puede muy bien ser un caso más en este artículo. Sin embargo, en el capítulo 3 lo vemos yendo finalmente a Nínive:

Jonás 3:1-4.
“Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida”.

Lo que Dios quería a través de Jonás era advertir a Nínive del juicio venidero, si no se arrepentían. Los versos 5-9 nos dicen cómo el pueblo de Nínive recibió las advertencias del Señor.

Jonás 3:5-9.
“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?”.

En comparación con Manasés, el pueblo de Nínive PUSO ATENSIÓN A LO QUE DIOS HABÍA DICHO, y el rey y sus nobles ordenaron que todos ayunaran y oraran. Luego el verso 10 nos dice lo que el Señor hizo:

Jonás 3:10.
“Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”.

Dios no hizo lo que pensaba hacer con Nínive, y esto porque el pueblo SE ARREPINTIÓ”. Consulte la fuente original aquí

Dios da el arrepentimiento.

Hechos 5:31.

A éste Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados.

Dios y el arrepentimiento.

Génesis 6:6-7.

Y le pesó al SEÑOR haber hecho al hombre en la tierra, y sintió tristeza en su corazón.

Ejemplo del arrepentimiento.

Hechos 2:38.

Y Pedro les {dijo:} Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.

La importancia del arrepentimiento.

Lucas 5:32.

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

La naturaleza del arrepentimiento.

2 Reyes 17:13.

Y el SEÑOR amonestaba a Israel y a Judá por medio de todos sus profetas {y} de todo vidente, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos, mis estatutos conforme a toda la ley que ordené a vuestros padres y que os envié por medio de mis siervos los profetas.

Conclusión.

“Aunque el pecado bloquea el camino a Dios, el arrepentimiento lo abre ampliamente. Incluso en tales casos como los de Acab y Manasés, ese camino estaba abierto, cuando se humillaron ante el Señor. Por lo cual, la pregunta no es si Dios nos perdonará, su perdón es dado, si hay arrepentimiento. Por eso, si hemos pecado, ¿nos hemos arrepentido, no solo de palabras sino genuinamente de corazón? ¿Hemos llorado y clamado por el pecado o seguimos con el mismo corazón duro, engañándonos a nosotros mismos diciéndonos que no hay problema y justificando el pecado en lugar de arrepentirnos?  Automáticamente nos arrepentimos  de todo corazón el señor Jesús nos limpia con su sangre preciosa  y santa, borra todas nuestras transgresiones, e inscribe inmediatamente nuestros nombre el en libro de la vida. A continuación lo que Santiago sugiere:

Santiago 4:8-10.
“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”.

En todos los casos que hemos visto, el arrepentimiento estaba acompañado de un cambio del corazón, al llorar por el pecado y humillarse ante el Señor. Que el Señor abra nuestros ojos y nuestros corazones a Él, haciéndonos transparentes, sin partes escondidas, excusas y razonamientos. Que los que no estemos en sus brazos nos acerquemos a Él en arrepentimiento y Él se acercará a nosotros también” (Fuente:jba.gr. Consulte la fuente original aquí.

Amen. Dios les bendiga bondadosamente.

Por Miguel Calcaño.

Imagen|Evangelio Puro.