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Tesis de grado de Ruddy Carrera

Tesis de grado de Ruddy Carrera

Seminario Teológico Bautista Dominicano 

TESIS DE GRADO 

Título: Fundamento cristiano para la evangelización de lugares difíciles. 

Presentada por Esteban Robelyn Carrera Bernabé. 

En el Seminario Teológico Bautista Dominicano 

Tutor: Profesor José Rafael Pérez. 

Dedicación: Dedico esta tesis a mis hermanos pastores de la Convención Bautista Dominicana que se esfuerzan cada día con sus congregaciones, para llevar las buenas nuevas del evangelio a cada punto de nuestra geografía. 

Agradecimientos: A los pastores Otoniel Sánchez y Heberto Becerra, a mi amigo y hermano Adrián Román por haberme alentado y apoyado durante estos años de estudios. Y al profesor José Rafael Pérez por sus sabias orientaciones en el Seminario. 

Esteban Robelyn Carrera Bernabé. 

Abril, 2021. 

Índice. 

Objetivos (3).

Marco teórico (3).

Marco metodológico (3). 

Introducción (4).   

PRIMERA PARTE: ELEGIR EL LUGAR (7). 

Capítulo 1: La planificación  (8) 

  1. Orar por el lugar  (9). 
  1. Buscar el consenso de la Iglesia  (9). 
  1. Buscar la asesoría de expertos (10). 

SEGUNDA PARTE: CONOCIENDO EL LUGAR  (10).  

Capítulo 2: La Cosmovisión  (10).

  1. Cosmovisión religiosa  (10). 
  1. Cosmovisión social (10). 
  1. Cosmovisión política (10). 
  1. Cosmovisión geográfica  (12). 
  1. Cosmovisión económica (12). 

TERCERA PARTE: METODOS PROBADOS  (12). 

Capítulo 3. El paso decisivo  (13). 

  1. La Biblia  (13). 
  1. Células  (13).
  1. Campañas al aire libre  (14). 
  1. Regalar tratados y literaturas  (14). 
  1. Las ayudas sociales (14). 

CUARTA PARTE: ELEGIR EL METODO EVANGELISTICO (15). 

Capítulo 4: La decisión final (15). 

  1. Orar por el método (16). 
  1. Comparar opciones (16). 
  1. Elegir el método (17). 
  1. Pedir los recursos a la Iglesia (17).  

QUINTA PARTE: ENTRENANDO LA IGLESIA (19). 

Capítulo 5. Conocimiento orientado (19). 

  1. Estudiando la Biblia (20). 
  1. Estudiando el método (20). 

SEXTA PARTE: COMISIONANDO LA IGLESIA (20). 

Capítulo 6: Aplicando el método (22). 

  1. Los líderes (23). 
  1. Las condiciones (23). 
  1. La evaluación (24). 

Conclusión (24). 

Bibliografía (24). 

Objetivos:  

El objetivo de esta investigación es equipar a la iglesia local con un marco teórico bíblico y sencillo, que le permita asumir un rol evangelístico duradero y sostenible, en aquellos lugares de entornos sociales, políticos y culturales que de acuerdo a los estándares y estadísticas sobre pobreza, violencia y criminalidad puedan ser catalogados como de difícil acceso para la evangelización y el establecimiento de nuevas iglesias. 

Marco teórico: Los métodos cristianos para evangelizar, consisten en aquellos medios o procedimientos usados por los predicadores a través de la historia de la iglesia, para transmitir el mensaje bíblico. Algunos de estos métodos son efectivos cuando se utilizan para evangelizar correcta y bíblicamente, en lugares considerados difíciles para la predicación. Aunque al referirse a muchos de estos medios, J. Mack Stiles argumenta que: “aunque las personas vengan Jesús a través de varios medios, la Biblia nunca usa los resultados para guiar o justificar una práctica evangelística.1 Sin embargo Kevin Edwards y John Mc Arthur, al referirse a “Las misiones internacionales: Selección, envío y pastoreo de misioneros”, identifican estos 4 elementos como modelos bíblicos aplicados a las misiones afirmando que: “Hay un modelo bíblico para las misiones. Implica seleccionar, adiestrar, enviar y apoyar cuidadosamente a los misioneros. Todo el proceso, cuando se hace de forma correcta, es una asociación íntima entre el misionero y la iglesia que lo envía.”2  

Aunque ciertamente existen discrepancias sobre esta cuestión entre algunos teóricos y misioneros, los creyentes han usados medios de predicación a través de la historia con el fin de hacer más efectiva sus predicas.  

Otto Sánchez recomienda “que la evangelización se puede hacer de varias maneras y está bajo la sombrilla del buen testimonio personal.”3 

Sin embargo, la dificultad de un lugar para evangelizar no radica en su pobreza o riqueza, sino en la actitud de la gente hacia las cuestiones espirituales, y a la percepción del predicador hacia estos factores.  

Marco metodológico. 

Durante mi investigación sobre los procesos y métodos implementados por misioneros, predicadores y pastores de diferentes denominaciones, para la evangelización y plantación de iglesias en lugares considerados difíciles durante las últimas décadas, En Primer Lugar, he fechado por épocas los ideales y mecanismos propuestos por los teóricos del tema y por aquellos movimientos que dieron origen a tales métodos o que los inspiraron, porque las diferentes metodologías parecen variar y afectarse con las apariciones de nuevas tecnologías, descubrimientos científicos, y hasta por la presión social causada por ideales políticos e influencias artísticas. Segundo, he comparado las citas de los diferentes autores en busca de similitudes y discrepancias en sus puntos de vistas y tercero, he realizado un análisis sociológico sobre como estas cuestiones pudieran afectar el desarrollo y funcionamiento de estas iglesias.  

A pesar de que, desde una perspectiva teológica, estas cuestiones han suscitados discrepancias entre los puntos de vista de algunos teóricos y misioneros, lo más cierto es que la experiencia cristiana aplicada al campo de la predicación, al menos nos sugiere algunas formas comunes, sobre como los creyentes han venido compartiendo su fe a través de los tiempos.  

Introducción. 

Para entender las premisas que dan origen a la evangelización como medio de compartir la fe y experiencia cristiana, es pertinente primero conocer su fundamento y base filosófica y sus criterios teológicos aplicados a la eclesiología desde una perspectiva sociológica. 

En su libro La Predicación Puente entre dos mundos, John R.W. Stott citando a Edwin Charles Dargan, afirma: “El único punto de comienzo es Jesús mismo. «El mismo fundador del cristianismo fue también el primero de sus predicadores, pero fue precedido por San Juan Bautista, y seguido de los apóstoles: en la predicación de los apóstoles, la proclamación y enseñanza de Dios mediante una alocución pública se hizo una característica esencial y permanente de la religión cristiana»”.4 

Jesús es el fundamento de la evangelización. La vida y hechos de Jesús son descritos claramente en Los Evangelios, y su discurso transformador traspasó las fronteras y unió las culturas al ser proclamado por sus discípulos a través del Nuevo Testamento y con la formación de la Iglesia Primitiva. 

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el término fundamento como “Principio y cimiento en que estriba y sobre el que se apoya un edificio u otra cosa”. La vida y obra de Jesús debe ser el centro y la base de toda predicación. Debe ser el punto de inicio de cualquier ministerio. Cuando intentamos sacar a Jesús de cualquier proyecto evangelístico, y procuramos sustituirlo por nuestras propias actividades e ideales, la evangelización pierde su esencia e impacto espiritual, en la vida de la gente que buscamos alcanzar.  

Es probable que el entorno y el público a quien va dirigido nuestro mensaje varíe de un lugar a otro. Un lugar para la evangelización pudiera resultar ser más difícil que otro en cuanto al rango de realidad social catalogado como difícil, y en cuanto a la percepción del predicador u obrero sobre tal cuestión, o sobre su capacidad para responder y adaptarse correctamente a los estímulos, que pudieran suscitar tales encuentros con su nueva comunidad. Pero lo que nunca debería variar es el mensaje del evangelio. Este término tiene una connotación tan cristiana que aparece 75 veces en el Nuevo Testamento.  Proviene del griego “εὐαγγέλιον o euangelion que literalmente significa buena noticia. Entonces dado su énfasis neotestamentario, dice R.H. Mounce: “El evangelio constituye las buenas nuevas de que Dios en Jesucristo ha cumplido su promesa para con Israel, y de que se ha abierto un camino de salvación para todos”.5 

Entonces partiendo desde este punto, podemos asegurar que evangelizar es el acto de difundir el evangelio o buena noticia de Jesús el hijo de Dios, en aquellos lugares y personas donde aún no se ha dado a conocer.  

Esta definición pudiera parecer desafiante, frente a un cristianismo que ha tomado el término a la ligera, y lo ha desprovisto de la seriedad y el compromiso que requiere tal empresa. 

Lo primero es, que cuando pretendemos evangelizar a un grupo humano determinado, debemos tener en cuenta que nuestra misión siempre deberá ser difundir el mensaje del evangelio, tal y como lo hallamos en el Nuevo Testamento. Este mensaje debe ser esencialmente bíblico, y debe estar desprovisto de todo sesgo cultural, racial, religioso y político. En este punto, nuestra opinión solo tiene valor cuando no pretende contradecir o reemplazar dicho mensaje.  

Segundo, solo es posible evangelizar donde el evangelio aún no ha sido predicado. Este punto es importante porque a veces se suelen confundir los términos, predicación, misión, y evangelización. Predicar constituye la proclamación de la Palabra de Dios, o la Gran Comisión que es la misión de todos los cristianos. Por ejemplo: Cuando hacemos un viaje misionero con nuestra iglesia local estamos predicando; pero no en todos los casos estamos evangelizando, porque solo es posible evangelizar aquellas etnias que aún no han sido alcanzadas con el evangelio de salvación, o aquellos pueblos o individuos que de alguna manera no fueron evangelizado correcta y bíblicamente. En todos los casos siempre predicamos, pero no siempre evangelizamos. 

Y tercero, evangelizar es un acto, es una acción pública, no es una cuestión privada. Entonces, a esta altura el predicador debería preguntarse cuestiones como ¿Cómo es antropológicamente la gente a la que procuro evangelizar? Antes que ¿La gente que deseo evangelizar es receptiva o dura con el evangelio? Desde el punto de vista antropológico, el predicador se va a encontrar con una comunidad quizás con manifestaciones sociales y culturales diferentes a las suyas, y ya en sí esto significará un desafío que deberá superar.  

Son estas manifestaciones sociales y culturales unidas al llamado y a la preparación del obrero cristiano, las que definirán en el proceso que tan difícil pudiera resultar una misión evangelizadora. Hay culturas que son más cerradas al cambio que otras. Algunas son más hospitalarias y pacíficas, pero otras son más dadas a la violencia motivadas por cuestiones históricas, que el predicador deberá procurar conocer. Hay sociedades que tienen un alto valor de la vida, la naturaleza, las políticas públicas y la economía, y de estas manifestaciones sociales pudiera resultar su estado de riqueza o pobreza. Esto ligado a la raza y a la lengua son manifestaciones físicas, de las cuales el predicador debe estar preparado con anticipación para lidiar. John C. Maxwell ha escrito: “Los líderes sin experiencia se ponen a dirigir sin saber nada sobre las personas que intentan dirigir. Por el contrario, los líderes maduros, escuchan, aprenden y luego dirigen. Ellos escuchan las historias de su personal. Averiguan cuáles son sus sueños y esperanzas. Se familiarizan con sus aspiraciones. Y ponen atención a sus emociones, sabiendo esto, aprenden de su gente. Descubren lo que es valioso para ellos. Y luego dirigen basados en lo que han aprendido”.6 

De todos modos, la preparación del obrero cristiano es un punto clave en el éxito del llamado al ministerio. El predicador debe estar preparado espiritualmente, y a la altura moral de las circunstancias, ya que el buen testimonio es su primera imagen. Debe estar preparado psicológicamente, para hacer frente a los cambios de clima y cultura. Debe estar preparado académicamente, para hacer frente a estas cuestiones antropológica sin afectar su teología. Y debería estar respaldado económicamente por una iglesia local u organización cristiana, para hacer menos difícil su misión y más efectivo su ministerio.  

Es probable que un lugar no sea tan difícil para evangelizar, sino que el predicador pudiera estar poco preparado, para realizar tal tarea en dicha población. También se pudiera dar el caso de que un lugar pueda ser estandarizado como difícil, y que el predicador cuente con los recursos y la preparación que exigen las circunstancias; pero que finalmente no cuente con el llamado de Dios para llevar a cabo tal misión ministerial. O que el lugar sea difícil, y el predicador tenga la preparación y llamado divino, pero le faltan las herramientas necesarias, los recursos económicos y los recursos humanos que implican el respaldo de una iglesia local.   

En todo caso tener éxito evangelístico implica ante nada un llamado ministerial, un ministro que responde a este llamado, preparándose para lo que exigen las circunstancias, una iglesia local que envía y gestiona los recursos, y un Dios fiel que respalda al obrero que ha respondido. En este orden todo lo que surja de este proceso, debe estar bíblicamente fundamentado en el evangelio de Jesús, y debe hacerse siempre para la gloria de Dios.  

Sobre este proceso el apóstol Pablo escribe: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Romanos 10:14-15, RV1960)”.  

Finalmente, la intención de evangelizar a estos que aún “no han creído” se ve materializada cuando la iglesia local los ha ubicado y estudiado, y tiene listo para enviar al obrero a quien ya Dios ha llamado, y que ellos mismo han preparado y confirmado de acuerdo a lo que establecen Las Sagradas Escrituras.  

Ubicar a los que aún “no han creído” como dice el Apóstol Pablo, ha de significar elegir el lugar que se desea evangelizar. 

PRIMERA PARTE: ELEGIR EL LUGAR. 

La elección del punto geográfico donde se desea establecer una obra misionera o campo evangelístico, ha de ser una decisión bien consensuada entre el evangelista y la iglesia que envía. En primer lugar, el evangelista debe estar dispuesto a ir. Y, en segundo lugar, la iglesia debe contar con los recursos que han de respaldar su trabajo. En esta etapa no debe haber espacio para la improvisación y el azar, ya que al tratarse de una decisión tan seria debe tomarse con la misma rigurosidad. 

Cuando escribo sobre recursos, me refiero a unas series de factores que harán posible el ministerio, como: 

  1. Los recursos humanos: La iglesia debe involucrar a toda la congregación para que oren, animen y sostengan al predicador o misionero. 
  1. Los recursos materiales: Estos recursos tienen que ver con el financiamiento económico, la facilitación de biblias y literaturas, los medios de vivienda, transporte, de comunicación y tecnológicos que pudieran ayudar al predicador hacer de su misión una tarea menos difícil y complicada, hasta que su zona evangelística adquiera la forma de una iglesia autosostenible, capaz de financiarse a sí misma, y de diseñar sus propios proyectos ministeriales. La función de la iglesia es la de solo facilitar el trabajo; la salvación y la guianza es una obra de Dios. Nuestro esfuerzo humano es solo una fracción con relación a esa gran obra. 

Con el avance de la tecnología de la información, hoy más que nunca se hace menos tedioso estudiar un lugar para evangelizar. Los medios noticiosos transmiten constantemente información en tiempo real sobre el acontecer mundial. Las informaciones actualizadas sobre geografía, política, religión y cultura de los pueblos están disponible a un clic de un computador, o a un toque de la pantalla de nuestros teléfonos y tablets. 

Hoy contamos con mapas digitales, que nos permiten ubicar y conocer el relieve de cualquier nación o región del planeta. Y con tutoriales en las redes sociales que ponen a disposición del público, el aprendizaje de cientos de idiomas de manera gratuita, que se pueden complementar con las aplicaciones para traducir en línea. 

Estas herramientas no deben ser usadas para elegir el territorio más conveniente, o que nos parezca menos difícil; sino para estudiar aquel al cual Dios nos ha estado llamando. El lugar para el llamado se debe elegir en oración. 

En esta etapa se debe ubicar también el lugar donde vivirá el predicador. Lo más conveniente es que, si en la región que se pretende evangelizar hay una zona urbana, entonces que el obrero se instale ahí en el mayor centro poblacional, y que desde este punto se desplace a las otras zonas rurales. El plan debe ser siempre impactar al mayor número de gente posible. Si en el lugar elegido para habitar hay un hospital, escuela, bancos u otras oficinas de servicios, y existe la posibilidad de rentar una casa en sus proximidades sería lo más adecuado, esto es aún más necesario cuando el obrero cristiano tiene una familia. En el ministerio la familia no debe ser sometida a dificultades innecesarias cuando pueden ser evitadas. Y la iglesia debe saber y entender esto.  

Ronnie Floyd ha escrito: “Por lo tanto, creo que edificar su familia es más importante que edificar su ministerio. No solo lo he creído, lo he vivido. Hoy es probablemente el único legado que jamás haya visto de este lado del cielo. No cambiaría nada por lo que ofrece el ministerio. Mi familia es una gran obra de gracia y solo gracia”.7 

Un pastor sin familia es un pastor sin ministerio. Dios debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas, luego nuestra familia y en tercer lugar la iglesia.  

Si el pastor o la iglesia intentan variar este orden, entonces pudieran desencadenar tras ellos unas series de consecuencias negativas y nefastas, que pueden tardar tiempo en ser reparadas.  

Cuando un obrero cristiano ha decidido establecerse con su familia en un lugar difícil, con el propósito de ministrar ahí, debe procurar que su familia se encuentre lo más cómoda y confortable posible dentro de las circunstancias, a pesar de las dificultades y las carencias de bienes y servicios que haya en ese lugar. 

Capítulo I. La Planificación. 

Bruce P. Powers, ha escrito: “La planificación es algo tanto antiguo como nuevo. Es tanto espiritual como científico. Planificar es tan antiguo como el propósito de Dios para el universo, y tan nuevo como lo último en teoría y principios para la planificación efectiva. Planificar es espiritual; esto significa que es compatible con la naturaleza de Dios. Palabra de fiar es que Dios creó todas las cosas en Cristo y desde la eternidad siguió cuidadosos planes para redimir a los caídos. Además, la naturaleza espiritual requiere que cada faceta sea un objeto de oración buscando la guía espiritual”.8 

Planificamos no porque nos falte fe, sino porque confiamos que Dios se glorifica en aquellos que procuran darle a él un servicio de excelencia. 

Por tal razón, cuando ya la iglesia local ha reunido las informaciones concretas, sobre el lugar a evangelizar, y como producto de este estudio ha descubierto que es un lugar difícil para la evangelización y la plantación de nuevas iglesias; entonces deberá proceder a orientarse, y a equiparse con las herramientas y los medios pertinentes, que le ayuden dar un servicio adecuado en esa población.  

El predicador no debe esperar llegar al lugar y establecerse, para luego saber a lo que se enfrentará. Primero investigará y se asesorará con anticipación, sobre las manifestaciones sociales y culturales y las bases económicas que componen el estilo de vida de esa gente, y de este modo su predicación podrá encajar en esta sociedad, al ser transmitida en un formato tan propio del lugar que todos puedan entender. 

  1. Orar por el lugar. 

Todo proyecto evangelístico debe ir acompañado de un plan de oración concreto. Cuando oramos al señor buscamos su dirección y su voluntad, en aquellos que deseamos hacer. La oración es la primera fase de la planificación. No es correcto ni se corresponde con la naturaleza cristiana planificar, hacer nuestra propia agenda ministerial, y luego invitar a Dios a que se una a nuestros planes. En la planificación para la evangelización de un determinado lugar, la oración debe ocupar el primer lugar en esta etapa. 

Ciertamente no deberían existir lugares fáciles para la evangelización, porque evangelizar constituye el mayor de los restos que Dios le ha puesto al hombre. Pero debemos admitir que hay lugares más difíciles que otros, y algunos pudieran ser bien difíciles dada las secuelas sociales y económicas productos de sus propias historias. Otras veces estas dificultades tienen que ver con la adaptación del predicador a la cultura, la distancia de sus seres queridos, al relieve y al clima. Pero al orar a Dios estamos pidiendo no solo su guianza, sino su misericordia para con aquellos a quienes vamos a predicar. 

La iglesia debe involucrarse en cada etapa del proyecto. Y debe crear un plan de oración concreto bien descrito, por el que sus miembros puedan orar durante los servicios, pero también en su diario vivir.  

Cuando la iglesia se involucra en la oración, entonces es más probable que también se siga involucrando en las demás etapas de este proceso. Todo ministerio debe empezar con la oración. Sobre este tópico Andrew Murray refiriéndose al ministerio del Señor Jesucristo, escribió: “Así como el Salvador abrió su ministerio público con sus discípulos por medio del Sermón del Monte, así Él lo cerró con el último discurso preservado para nosotros por Juan. En ambos casos habla de la oración más de una vez. Pero con una diferencia. En el Sermón del Monte habla con respecto a los discípulos que recién entran en su escuela, quienes escasamente saben que Dios es su Padre, y cuyas oraciones se refieren principalmente a sus necesidades personales. En su discurso final, habla a los discípulos cuyo tiempo de entrenamiento llega a su fin y quienes están preparados como sus mensajeros para tomar el lugar y la obra del Señor”.9 

  1. Buscar el consenso de la Iglesia. 

La Iglesia en su esencia es primero local, congregacional, autónoma y auto sostenible. La congregación compuesta por todos sus miembros es su gobierno, y ella tiene la última palabra en las tomas de decisiones. Luego la iglesia es universal a la medida que se reproduce y multiplica, a través de la predicación y la evangelización. 

En la Biblia la iglesia es definida como el cuerpo de Cristo, y cada creyente como un miembro esencial de este cuerpo: “Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él” (Romanos 12:27, LBLA). Debe haber un consenso entre los líderes y los miembros de la iglesia, sobre el plan a seguir en el lugar que se ha elegido para evangelizar. Y sobre cómo se harán las cosas. Los líderes de la congregación no deben limitarla solo a participar en la oración, sino también en las tomas de decisiones.  

La iglesia es una comunidad de fe que está compuesta por gente de diferentes extractos sociales y disciplinas del saber humano, de modos que un consenso para evangelizar un área difícil para el evangelio y la convivencia humana, tomando las ideas de gente con diferente formación humana y puntos de vista, pudiera ayudar a la estructuración de un mejor plan. Pero sobre todo la iglesia debe ser parte en las tomas de decisiones porque primero, la evangelización no debe ser cuestión del esfuerzo de una persona, sino de una iglesia. Y segundo, porque al esta poner o gestionar los recursos que se usarán en la implementación del plan, entonces le da suficientes méritos para aportar sus ideas sobre la obra evangelística. 

  1. Buscar la asesoría de expertos.  

Es una virtud de pastores sabios y humildes, primero buscar el consejo y la asesoría de aquellos líderes que han tenido ciertas experiencias, en aquellas decisiones ministeriales que están prestos a tomar. 

Existen una gran cantidad de pastores y misioneros activos y jubilados, que han servido en ciertas regiones del planeta que son consideradas difíciles, para la predicación del evangelio y el establecimiento de nuevas iglesias.  

Dadas sus experiencias de servicio misionero en estos lugares, esto les confiere a ellos la autoridad para asesorar sobre semejantes inversiones ministeriales. 

El buscar el consejo de otros no prevé el surgimiento de ciertas crisis sociales y hasta ministeriales, en la vida del predicador o en su entorno; pero le puede ayudar a dar una repuesta más adecuada a tales situaciones. Como dice el proverbio popular: “La experiencia no se improvisa”. 

SEGUNDA PARTE: CONOCIENDO EL LUGAR. 

Después que la iglesia se ha puesto de acuerdo sobre la elección del lugar, donde empezará su obra evangelística, entonces deberá proceder a conocerlo a través del estudio de su organización social, política, geográfica, cultural, económica y religiosa. Será necesario buscar información documentada sobre estas cuestiones, pero también tendrán que establecerse ciertos contactos físicos, que le ayuden a tener una mayor comprensión de su cosmovisión y anhelos sociales.  

Capítulo 2: La cosmovisión. 

Antes de una iglesia empezar una operación evangelística en un determinado lugar, es preciso conocer primero la cosmovisión de su población. La cosmovisión es la manera como una sociedad interpreta la vida y el mundo a partir de sus propias acciones. O como escribe James W. Sires: “Una cosmovisión es un compromiso, una orientación fundamental del corazón, que puede expresarse como un relato en un conjunto de supuestos (Que pueden ser ciertos, parcialmente ciertos o enteramente falsos) que mantenemos (consciente o inconscientemente acerca de la constitución básica de la realidad, y que proporciona el fundamento, sobre el cual vivimos, nos movemos y poseemos nuestro ser”.10 

La constitución social de un pueblo está fundamentada sobre sus creencias, y los conocimientos básicos sobre su entorno. En base a esto, la investigación previa se orientará en conocer su cosmovisión religiosa, social, política, geográfica, y cultural. 

  1. Cosmovisión religiosa.  

La evangelización bíblica no busca entrar en conflicto, con las creencias religiosas autóctonas de los pueblos. Sin embargo, es imposible predicar la fe cristiana sin que esto no ocurra.  Pero el tener un conocimiento general sobre los supuestos que originaron las creencias de un pueblo, ayudará a comunicar correctamente el mensaje del evangelio sin atacar frontalmente sus creencias. El mensaje de la Biblia no busca desculturizar a los pueblos, sino mostrarle a Jesús el único camino a la salvación. La cosmovisión cristiana es la más coherente al momento de explicar el origen de la vida y del universo. 

Cuando una cultura entra en contacto con los principios bíblicos y cristianos, aun cuando no sean sugestionados por el predicador; es muy probable que esta experimente un cambio en su pensamiento y actuación como resultado de la obra transformadora operada por el Espíritu Santo. Como escribe Michael Green: “Ya sea que predicaran a judíos o a gentiles, los primeros cristianos enfatizaban no solamente lo que Dios había hecho por los hombres por medio de Jesucristo, sino lo que el ofrece (nueva vida por el Espíritu Santo, perdón de pecados), y lo que él exige (arrepentimiento, fe y consagración). Esta consagración implica tres facetas que deben ir juntas: bautismo, fe y recepción del Espíritu Santo. Las tres son esenciales para la vida cristiana”.11 

  1. Cosmovisión social.  

La cosmovisión social es la manera como una sociedad se ve a sí misma. Tiene que ver con su origen, su historia, leyendas, anhelos y temores. Este conocimiento mostrará al predicador la idiosincrasia de la sociedad. Y podrá determinar cuáles factores pudieran ser un impedimento para el desarrollo de la obra evangelística. Cuáles son las causas de sus conflictos, violencias, y los márgenes de pobrezas y criminalidad. También basado en estas informaciones, podría elaborar un mejor plan de ayuda social si los recursos los permiten, que ayude a mejorar el modo de vida de sus oyentes. 

  1. Cosmovisión política. 

Esta percepción es la manera como los líderes políticos se ven así mismo, y como la sociedad interpreta su poder. Esta cosmovisión pudiera explicar por qué algunas sociedades son más dadas a las dictaduras, y otras son más democráticas, o porqué la corrupción en la administración pública es más tolerada en algunas sociedades que en otras. Aunque debe haber una separación entre la iglesia y el estado; el predicador debe enseñarles a los nuevos creyentes, los principios y puntos de vista de la cristiandad sobre estas cuestiones.  

  1. Cosmovisión geográfica. 

 El predicador debe procurar conocer la geografía que busca alcanzar, pero también debe entender la percepción política y religiosa de esta sociedad sobre su propio territorio, o sobre algunos puntos geográficos específicos. Algunas sociedades se han percibido así mismas como razas superiores a las demás o como especiales por naturaleza. Este conocimiento pudiera ayudarle a comprender posibles conflictos armados con países o tribus vecinas, o porqué algunos de sus lugares son considerados sagrados.  

  1. Cosmovisión económica.  

¿Cuál es la percepción de una sociedad sobre sus propios recursos y sobre la producción de riquezas? Un lugar puede ser difícil para la evangelización, cuando literalmente este es cerrado a aceptar otras creencias religiosas diferentes a las autóctonas. Pero también es difícil para el establecimiento de la obra evangelística, a la medida que su pobreza espiritual, moral y económica es mayor. La evangelización de una zona muy pobre implica una mayor inversión de recursos económicos, que evangelizar una región relativamente rica. Porque a medida que un pueblo es más pobre que otro requiere de una mayor inversión en él, y un menor retorno de recursos para reinvertir en su propia obra. La pobreza de un pueblo tiene que ver mucho con la falta de valoración de sus propios recursos naturales, y su incapacidad para beneficiarse de estos recursos. Los evangelistas que predican en lugares difíciles, necesitarán de un mayor flujo de apoyo humano y recursos económicos, que le ayuden desarrollar su ministerio sin perjudicar el bienestar de su familia. La primera meta de un predicador que evangeliza en un lugar pobre, debe ser enseñar a sus oyentes sobre la importancia de estudiar, trabajar y el cuidado de su familia, basado en lo que la Biblia enseña al respecto. Si el predicador desconoce e ignora la economía de sus oyentes, entonces estará limitando el desarrollo del evangelio ahí. 

TERCERA PARTE: MÉTODOS PROBADOS. 

Las iglesias están recibiendo propuestas constantemente, sobre métodos evangelísticos que prometen hacer aumentar su membresía de manera rápida. Muchos son ya modelos de evangelismo clásicos adaptados a la época, y otros son aún novedades, que promueven las teologías de algunos movimientos religiosos específicos. Sin embargo, la predicación experimental promovida por los puritanos, aún sigue siendo un medio bíblico y eficaz, para conectar la vivencia de la congregación con las verdades de Las Escrituras. Como dice Paul Helm, citado por Joel Beeke: “La situación requiere una predicación que comprenda la totalidad del campo de la experiencia cristiana, y una teología experimental desarrollada. La predicación debe proporcionar una guía e instrucción a los cristianos en términos de su experiencia real. No debe tratar con irrealidades o considerar a las congregaciones como si vivieran en un siglo diferente o en circunstancias completamente diferentes. Esto implica tomar todas las medidas necesarias de nuestra situación moderna y entrar con toda compresión en las experiencias, las esperanzas y los miedos reales, de las personas cristianas”.12 

Capítulo 3. El paso decisivo. 

Cuando ya la iglesia ha identificado el lugar que van a evangelizar, y realizó los estudios básicos para determinar la viabilidad de su proyecto, a través de la oración y la asesoría de experimentados predicadores o misioneros en este tipo de ministerio. Entonces puede proceder a elegir el método de evangelismo, que más se adapte a las circunstancias identificadas.  

Los métodos más conocidos y utilizados en las últimas décadas en diferentes regiones del planeta, están compuestos por: estudios bíblicos, células, campaña al aire libre, regalar tratados y literaturas, y las ayudas sociales. 

Todos estos métodos son funcionales, solo cuando su mensaje ha estado centrado en Jesús; pero sus éxitos han estado condicionados a su adaptación al contexto social, y la capacidad y circunstancias del evangelista para aplicarlo. Pero unos más que otros son más adaptables, al ser implementado en lugares difíciles para evangelizar, sin importar el contexto histórico y social que esté viviendo esa sociedad. 

  1. La Biblia.  

Aunque cada uno de estos métodos tienen que ver con la Biblia, los estudios bíblicos usando la misma Biblia como material de estudio de manera sistemática, sigue siendo el medio de evangelismo por excelencia. La ventaja de los estudios bíblicos clásicos es que son un medio sencillo y económico, porque no requiere de inversiones en materiales extras para los oyentes. Así que, en una población pobre, se le puede regalar una Biblia a un nuevo creyente que no la puede comprar dadas sus limitaciones económicas; y esta se convierte en una inversión a largo plazo. Y en las sociedades que tienen leyes que limitan la propagación del evangelio, transportar una pequeña Biblia hasta un lugar de reunión, es menos difícil que transportar literaturas extras. La Biblia también está disponible en aplicaciones telefónicas gratis, que funcionan sin acceso a la Internet. Y también existen biblias audibles, en aparatos electrónicos cargados por energía solar. Dice Wayne A. Grudem “… La Biblia está escrita de manera tal que todas las cosas necesarias para llegar a ser cristiano, vivir y crecer como cristiano son claras”.13 

  1. Las células.  

Las células son pequeños grupos de oración donde se estudia la Biblia, y se discipula a sus integrantes, con el fin de que estos lleguen a ser líderes de otras células que luego puedan multiplicarse. El primer factor negativo de las células es que solo se pueden implementar en las iglesias con una estructura de liderazgo bien definida; y no así en un ministerio evangelísticos recién formado. Pero una ventaja de las células es que ayudan a mantener la comunión entre los creyentes de aquellas iglesias en proceso de formación, que aún no cuentan con un templo o lugar para hacer sus reuniones. 

  1. Campañas al aire libre.  

Las campañas al aire libre es uno de los métodos de predicación más populares y conocidos. Es un medio para mantener las iglesias activas e influir en las masas sociales, pero el impacto espiritual en la vida de la gente no siempre es duradero. Al igual que las células no se adaptan a las iglesias recién formadas, porque para su montaje conlleva una inversión económica en tecnologías y en esfuerzo humano. Por ejemplo: un evento al aire libre para atraer a las multitudes, puede estar sujeto a los cambios climáticos, a las restricciones de las autoridades de algunos lugares sobre estos tipos de actividades, y al presupuesto y preparación de la iglesia local para realizarlas. Mientras que, para una iglesia con una estructura de liderazgo ya definida, las historias bíblicas contadas y las células constituyen una mejor alternativa, al momento de establecer contacto y relacionarse con la gente, porque en el caso de las campañas no es posible relacionarse directamente con la gente, como sí ocurre en los estudios bíblicos y las células. 

  1. Regalar tratados y literaturas.  

Este clásico medio de predicación es una alternativa para una nueva iglesia que se puede complementar con los estudios bíblicos. Pero al igual que las campañas no surte un verdadero efecto espiritual en los oyentes; porque estos no siempre están en la disposición de escuchar. Y además el modelo utilizado no hace una inversión de tiempo en la gente, ni siempre procura crear empatía. Pero puede ser funcional, cuando se usa como una estrategia para invitar a la gente a las reuniones o a los estudios bíblicos, y para dar a conocer la presencia de la nueva iglesia en la comunidad.  

  1. Las ayudas sociales.  

Las ayudas sociales deben ser un medio y un complemento para la evangelización, pero no su fin en sí mismo. Pudieran ser una gran bendición, si se dan en las comunidades pobres de una manera adecuada. Si el predicador desea gestionar donaciones para su comunidad debe considerar primero a sus hermanos en la fe, como escribe el apóstol Pablo: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10, RV1960). Pero debe cuidar que la gente no relaciones su predicación con dar, para evitar profesiones de fe condicionadas a estas. También debería tener en cuenta a las otras congregaciones del área si las hay, y esto ayudaría a crear un mejor lazo con las otras confesiones de fe. Como dice M. David Sills: “Cuando un ministerio desea invertir en la mejora de una comunidad, después de sospesar los posibles riesgos de hacerlo y, en colaboración con los creyentes locales, el resultado debe ser un fortalecimiento mutuo de los lazos de la comunidad y la comunión cristiana”.14 

CUARTA PARTE: ELEGIR EL METODO EVANGELISTICO. 

Al investigar y analizar los diferentes métodos de evangelismo aplicados al campo misionero, entonces la iglesia estaría en la capacidad de poder elegir entre ellos al más adecuado para ser aplicado en ese lugar. 

Para esta etapa ya la iglesia ha determinado las fortalezas y las debilidades de su método, y para tal podría combinarlo con otros sistemas que ayuden a desarrollar la obra misionera, sin la necesidad de duplicar el trabajo del predicador y las actividades de la nueva iglesia.  

Un método puede ser adecuado no solo por su sencillez y eficiencia, sino porque es flexible de implementar ante el surgimiento de cambios climáticos inesperados, guerras, conflictos sociales, persecución religiosa, alto índice de delincuencia, analfabetismo, pandemias y ante otras circunstancias que se puedan suscitar. 

Capítulo 4. La decisión final. 

Cuando ya el obrero cristiano cuenta con la seguridad de que su iglesia local, o esta misma en coordinación con una organización cristiana, están en la disposición y en la capacidad de enviarlo y respaldar su trabajo ministerial. Y cuando se ha buscado la dirección de Dios en oración, y ya se ha elegido y estudiado el lugar y el método a utilizarse; entonces todo puede indicar que las condiciones están dadas para ir directo al terreno misionero y predicar. Pero quien envía siempre debe garantizar su respaldo, como dice Thomas Wade Akins: “Una iglesia Neo Testamentaria se sustenta por sí sola. Este principio debe ser practicado desde el mismo comienzo de su vida. Creemos que los pastores y misioneros deben ser mantenidos por la iglesia. Los pastores reciben su salario de sus propias iglesias. Los misioneros reciben su salario de la iglesia a través de la Convención. Los laicos reciben el salario de sus trabajos. Pero todas estas personas dependen del Señor. En cada situación, independientemente de quien comienza la iglesia, debemos comenzar una iglesia que se sostenga y se mantenga así misma”.15 

En lo personal, el predicador no debería llegar a ningún acuerdo evangelístico con ninguna iglesia u organización, sino ha consultado e involucrado a su familia en el proceso de oración, y en las tomas de decisiones. La familia debe estar bien informada, y debe sentirse cómoda con su nuevo destino, aun sabiendo que al lugar a donde se dirigen no es el más agradable y acogedor, para el desarrollo personal de sus integrantes.  La familia del obrero cristiano nunca puede ser llamada al engaño; todo debe hacerse con la debida transparencia, procurando siempre agradar a Dios y darle a él la gloria debida. 

En esta toma de decisión final de la iglesia, el apoyo financiero al obrero debe hacerse tomando en cuenta las dificultades del lugar a donde se dirige, y el número de miembros de su familia. Un lugar pudiera ser difícil para la evangelización, porque es muy frio o caluroso, porque está en guerra, o porque es pobre, y existen conflictos sociales, persecución cristiana, violación a los derechos humanos y corrupción en sus estamentos. Pero no debe ser difícil porque el obrero cristiano carece de sustento y los medios para desempeñar su función de predicador. Pero, aunque parezca extraño y raro, un lugar con las características opuestas a las señaladas se puede tornar difícil para la evangelización, por ejemplo: cuando la sociedad es muy rica, liberar o laicista y como resultado resulte ser apática y cerrada a los asuntos espirituales. 

Para garantizar esta etapa, la iglesia que envía debería tener un plan b, por si las cosas no salen como se planearon. Pero el proyecto debe autosostenerse desde sus inicios.  

Un segundo plan es una repuesta o una estrategia, a la falta de resultado o al fracaso del primer plan para alcanzar el objetivo propuesto. Este plan no siempre apunta a una retirada del lugar al que Dios nos ha llamado, sino más bien a un cambio en la estrategia y los métodos implementados. 

Esta decisión final no solo debería involucrar al obrero cristiano y a su familia, sino a toda la iglesia pionera, bajo un proceso que incluya la oración, para que Dios les guíe en la elección del método apropiado. 

Ante la posibilidad de un eventual cambio de plan, se debe comparar las diferentes opciones y propuestas metodológicas, identificar el método final, hacer el presupuesto y gestionar los nuevos fondos para su implementación. 

  1. Orar por el método. 

Cuando la iglesia ora a Dios, y busca su dirección antes de tomar cualquiera decisión; entonces puede tener la certeza que todo lo que emprenda en lo adelante tendrá su respaldo. Lo que garantiza que un plan evangelístico será exitoso sin importar donde se aplique, no es el método que se utilice, sino el respaldo de Dios. Uno de los grandes fracasos de la iglesia de nuestro tiempo, es que ha puesto más énfasis en su poder adquisitivo y conocimiento teológico que en la piedad. Los bienes materiales y el conocimiento de una iglesia, solo son útiles para el reino de Dios cuando estos no ocupan el lugar de la fe que obra. 

  1. Comparar opciones. 

La comparación de opciones, es el proceso de comparación entre los diferentes medios metodológicos a elegir, después que se ha pedido la dirección de Dios para tal decisión. En este proceso la iglesia podrá establecer las relaciones, semejanzas y diferencias entre las diferentes opciones planteadas asequibles. Es aquí donde se puede determinar qué tan exitoso ha sido un método, al haberse implementado en poblaciones y terrenos bajo las mismas condiciones que se desea utilizar. También si la iglesia encuentra semejanzas entre diferentes métodos, una opción sería optar por combinarlos en un mismo plan de trabajo. 

En esta etapa las comparaciones entre los diferentes métodos, se harán tomando en cuenta las condiciones sociales, climáticas y geográficas ya planteadas. Esto es porque un método es exitoso, solo cuando se puede adaptar a las condiciones que exigen las circunstancias del lugar que se pretende evangelizar. 

  1. Elegir el método. 

Si ya los líderes de la iglesia tienen un conocimiento básico, sobre el lugar que van a evangelizar, y han orado y evaluado las diferentes metodologías evangelísticas ya probadas por otros predicadores y misioneros. Entonces contando con estas bases, más los testimonios y las experiencias de otros ministerios, están en las condiciones ideales para decidirse por un método que ellos consideren adaptable a sus planes y presupuesto. 

Por supuesto que, en el proceso evangelístico, se dan condiciones y surgen situaciones para lo que el predicador y el cristiano promedio no están muchas veces preparados. Y donde los métodos no siempre resultan o funcionan, pero para eso debemos tener la seguridad, de que el Espíritu Santo siempre nos dará la capacidad para tomar las mejores decisiones, y dar las respuestas más apropiadas para la situación. En estos casos cuando los métodos diseñados no son efectivos; la oración y la asesoría de un mentol espiritual resulta ser la mejor ayuda. 

Todo buen método de predicación, debe procurar respetar la privacidad y la dignidad humana. En base a esto, la iglesia aprenderá a respetar la privacidad de las familias y del individuo, por ejemplo: cuando toque la oportunidad de ir a una casa a evangelizar se debe respetar el espacio familiar. Y cuando se va a hacer un evento público se debe pedir permiso a la vecindad y a las autoridades locales antes de ocupar alguna calle o plaza. 

Igualmente, la congregación evitará tomar fotografías de la gente en situaciones vulnerables sin su consentimiento. Y debe evitar usar cualquier flujo de ayuda social, para ejercer dominio sobre los individuos, o para manipular a la gente o ganar favores personales. 

Y en cuanto al tiempo de duración, un buen método se debe desarrollar en un tiempo prudente y no tan extenso, par que motive a le gente a querer volver a participar. 

Para esto será necesario diseñar un calendario de actividades, que incluya horario de inicio y de terminar. Y que especifique la cantidad de participantes por cada reunión; en el caso de que se trate de un estudio bíblico en una casa familiar. 

  1. Pedir los recursos a la iglesia. 

Como ya he planteado, solo la iglesia planta otras iglesias. Por eso la iglesia que envía debe sostener al obrero a quien ha enviado, y cubrir los gastos que impliquen ejercer tal ministerio. O si en otro caso, es una organización o agencia misionera quien ha de enviar al obrero, esta debe hacerlo siempre con el pleno consentimiento de la iglesia local del cual el primero es miembro. 

Para proporcionar tales recursos, la iglesia local se puede asociar con otras iglesias, convenciones o ministerios. Pero el predicador debe tener una iglesia visible, quien lo envíe y se haga responsable de la supervisión de su ministerio.  

Aun en el caso de que un obrero sea enviado por una agencia misionera, este debe seguir en conexión con su iglesia local, a quien deberá reportar su trabajo ministerial, y visitar cuando las oportunidades lo permitan. Ninguna organización, asociación o agencia misionera debe ocupar ni usurpar las funciones bíblicas que solo están reservadas a la iglesia local. 

Un presupuesto misionero debe estar condicionado a los siguientes tópicos: 

  1. A las dificultades del terreno a donde se dirige el predicador.  
  1. Al número de los miembros de su familia.  
  1. Al tipo de ministerio que buscan desarrollar.  
  1. A la cantidad de espacio territorial que buscan cubrir o ministrar. 

Del mismo modo en su elaboración, se debe tener en cuenta la alimentación de la familia misionera, el estudio de sus hijos, el seguro médico de la familia, el pago de la vivienda, medio de transporte y comunicación, los gastos que se deriven de estos, el pago de las visas y los pasajes, y el los materiales para desarrollar la metodología evangelística seleccionada. 

Todos estos factores son importantes que se contemplen en el presupuesto, antes de que los líderes que están desarrollando el proyecto evangelístico lo presenten a la iglesia.  

Cuando una iglesia envía un obrero al campo evangelístico, no se debe plantear la cuestión sobre por cuanto tiempo lo estarán apoyando; sino más bien por cuanto tiempo lo estarán enviando.  

Son cuestiones diferentes apoyar por voluntad propia a un obrero local o nacional, que originalmente ha estado desarrollando un ministerio en un determinado lugar, a que enviar a una persona extranjera a un nuevo lugar. A lo primero se le puede llamar unirse a un plan existente, pero lo segundo es desarrollar o dar inicio a un nuevo plan.  

Un obrero local o nacional es nativo de ese lugar, cuenta con familiares, amigos, vivienda, posibles fuentes de producción, y tiene conocimiento de su tierra. No ocurre la misma situación con los misioneros extranjeros. 

En el momento en que la iglesia local decide apoyar un ministerio existente, que pudiera ser local o nacional, lo hace basada en la buena voluntad. Y pudiera ponerle una fecha final a ese apoyo, partiendo desde la premisa de que cada iglesia local desde sus inicios se desarrolla como autosostenible. Pero cuando es la iglesia la que envía a uno de los suyos, esta lo ha de apoyar para que desarrolle iglesias y ministerios sostenibles, hasta que consideren llamarlo devuelta a su lugar de origen.  

En esta etapa es correcto determinar cuál es el compromiso real de la iglesia con el obrero, y cuáles son las condiciones que la iglesia le ha de plantear al obrero, para que este compromiso se mantenga. 

Basadas en estas dos cuestiones, muchas iglesias y agencias misioneras se están preguntando que, si es más efectivo y económico entrenar, comisionar y respaldar obreros nacionales en coordinación con las iglesias locales, o si seguir enviado obreros extranjeros al campo misionero.  

QUINTA PARTE: ENTRENANDO LA IGLESIA. 

Cuando la iglesia se involucra en todas las facetas del proceso evangelizador que ha emprendido, entonces hay razones para pensar que los componentes humanos y materiales, que hacen posible el desarrollo de este proceso, pueden fluir con más facilidad, que cuando esta solo ejerce una función de espectadora lejana. 

Una fase imprescindible de este proceso, que demuestra que una iglesia no será una simple espectadora, es su participación en el entrenamiento y capacitación, sobre el plan y las metodologías que se llevarán a cabo. La iglesia debe sostenerse sobre la base del discipulado constante, y no debe promover un estilo de vida individualista. Sobre este particular Edgar Aponte escribe: “Uno de los espíritus de nuestra generación es un rechazo a la autoridad. Queremos ser llaneros solitarios y vivir bajo el manto del individualismo. No obstante, cuando leemos la Biblia vemos que Dios rechaza este estilo y actitud. La vida cristiana es un llamado al discipulado y a hacer discípulos (Mt. 28:19-20).”16 

Capítulo 5: Conocimiento orientado. 

Estas secciones de discipulados estarán orientadas a capacitar a la iglesia, sobre los medios de predicación que se utilizarán durante el evangelismo, y las pautas que se deben seguir para que los resultados sean más efectivos.  

Muchas iglesias han fallado al momento de evangelizar, porque se han lanzado a una aventura misionera desenfocada de la realidad de sus oyentes, y porque no invirtieron tiempo previo y suficiente, al estudio de los textos bíblicos adecuados para la presentación del evangelio, y sobre los medios y métodos que utilizaron.  

Sin embargo, una forma de evangelizar efectiva no pretende tan solo capacitar a los obreros involucrados, sino a toda la iglesia. Alberto Barrientos ha escrito: “La formación de discípulos es lo que puede hacer la diferencia entre una iglesia cuyas relaciones son de amor, alegría y de mutua edificación y una iglesia llena de problemas, frialdad y desinterés los unos por los otros. Puede también hacer la diferencia entre una iglesia cuyo pastor tiene que hacerlo prácticamente todo o una iglesia en la cual la gran mayoría trabaja mancomunadamente”. 17 

Esto le brinda a todos la oportunidad de obtener un entrenamiento orientado al ministerio que se desea desarrollar, pero a la vez sirve de motivación para la integración conjunta a dicho ministerio. 

De este modo cuando el liderazgo local le pide a la iglesia participar donando o yendo al campo misionero, esta encuentra sentido real entre lo que se le pide y lo que hacen. 

Un conocimiento bien enfocado u orientado en este plano, implica el estudio bíblico sobre lo que plantean Las Sagradas Escrituras sobre la salvación, y el medio o método elegido para presentar este mensaje a esa población humana. 

  1. Estudiando la Biblia. 

La Biblia le brinda a la iglesia unas series de temas y textos, que sirven de base para orientar una conversación, encaminada a que el no creyente comprenda el mensaje del evangelio, de una manera clara y sencilla.  

La iglesia deberá estar en la capacidad no solamente de poder hablar de estos textos, sino más bien de poder hacerlo sin atacar en primer plano la cultura y los principios de tal sociedad.  

La memorización de versos bíblicos o relatos sobre Jesús el hijo de Dios, la salvación, el pecado, el cielo, el infierno, la creación y el fin de los tiempos, resultan cruciales para evangelizar poblaciones donde existe persecución contra los cristianos, y donde portar una Biblia pudiera resultar peligros o comprometedor. 

  1. Estudiando el método. 

El segundo paso de estas series de entrenamiento, implicará poder armonizar estas enseñanzas bíblicas, con la metodología evangelística seleccionada. 

También la iglesia aprenderá a desarrollar el medio de predicación en un tiempo prudente, y a ser flexible cuando las condiciones del momento no son adecuadas. 

No importa cual haya sido el método evangelístico elegido, si este presenta el evangelio de una manera bíblica, y se adapta a las condiciones del lugar que han de evangelizar. Pero sí importa mucho el hecho de que la iglesia lo conozca, y lo sepa manejar y aplicar adecuadamente.  Por lo tanto, el entrenamiento no solo estará reservado para el obrero y los demás líderes, sino que debe incluir a toda la iglesia. 

SEXTA PARTE: COMISIONANDO LA IGLESIA. 

La gran comisión fue el último deseo del Señor Jesús antes de ascender al cielo. Sobre este evento la Biblia relata: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16, RV1960). Como se puede apreciar en el texto, la intención del Señor es un mandato que no pone condiciones ni deja entre ver una posibilidad. 

La proclamación del evangelio es una responsabilidad de la iglesia local. Cada creyente debe anunciar el mensaje de salvación a través de Jesús en su comunidad, o en el lugar al que Dios le ha llamado. 

La predicación del evangelio no es una responsabilidad exclusiva solo de los pastores o de los misioneros; es una responsabilidad de cada cristiano anunciar el evangelio en el lugar donde vive, trabaja, estudia o viaja.  

Ahora bien, la iglesia local debe tener su propia visión, que ayude a sus miembros entender su lugar en la congregación. También debe brindarle la oportunidad de encontrar su propósito en el evangelio, donde este pueda desarrollar sus dones espirituales. 

Cuando ya la iglesia ha comisionado al obrero o misionero, o lo ha enviado al campo misionero, de una forma u otra todos deben acompañarle al lugar. Existen muchos modos de acompañar a un predicador en su vida ministerial. Estos pueden ser: orando por él y su familia, ofrendando para su ministerio, enviando biblias y literaturas cristianas, donando materias primas que ayuden a mejorar la vida de sus oyentes, e yendo al lugar en viajes misioneros. 

Entonces cuando la iglesia hace esto no solo envía o comisiona, sino que va y participa directamente en la obra misionera. 

En el terreno evangelístico la iglesia no debería enfocarse más en una clase social que en otra, sin importar en qué condiciones económicas esté ministrando. Se debe hacer un esfuerzo que alcance tanto a los pobres como a los ricos. Para hacer de esto una posibilidad, el obrero y sus colaboradores deben haberse preparados previamente, para poder oscilar entre ambos sectores sociales y evitar la posibilidad de condenar a uno o al otro al ostracismo u olvido espiritual. 

En las mayorías de las veces, las iglesias locales se han enfocado más en los pobres que en la clase media, sea porque han considerado a los pobres más abiertos al evangelio y en ellos una posibilidad de realizar proyectos humanitarios, o porque vean a los ricos como inaccesibles o muy difíciles de alcanzar, dada su vida de seguridad y opulencia. 

Sin embargo, esto debe ser considerado un error, que pudiera afectar el sano desarrollo sostenible de una obra evangelística a largo plazo, porque, en primer lugar, los pobres no siempre pueden sostener el desempeño de una iglesia, sin que esta no deba verse obligada a retornar sus recursos en los problemas de salud y alimentación de su propia membresía. Y segundo, porque la iglesia pionera no financiará esa obra misionera perpetuamente; dado que toda iglesia que planta iglesias espera que estas últimas un día puedan ser económicamente autosostenibles, y que también puedan ir al campo misionero por sí solas. 

En este ámbito, refiriéndose al caso latinoamericano, el pastor Miguel Núñez escribe: “Al leer sobre misiones al principio de la década de 1990, me percaté de que casi en todos los países del tercer mundo la clase media y alta, en su mayoría, no había sido alcanzada, y lo mismo continúa hasta el día de hoy. Hasta que esta trágica situación cambie, la obra quedará incompleta. Alcanzar a la clase educada ha sido un problema en los países del tercer mundo desde hace muchos años. He tenido la oportunidad de interactuar con muchos misioneros a través de los años y al hablar con ellos me he percatado de que parte del problema ha sido la barrera del lenguaje. Este es un problema crónico en América Latina…, ya que la clase educada es la única que puede proveer los recursos humanos y financieros para alcanzar a aquellos que se encuentran en necesidad”. 18 

Sin embargo, Mike McKinley y Mez McConnell plantean unas series de cuestiones y barreras que a sus juicios dificultan la evangelización de los más ricos, cuando escriben: “¿Cómo evangelizas en una zona donde todo el mundo tiene un trabajo pagado decentemente, un buen lugar en el que vivir, y posiblemente un coche —o dos— en el garaje? ¿Cómo te abres camino a través del orgullo intelectual de un mundo que piensa que la religión está por debajo de ellos y que la ciencia tiene todas las respuestas? ¿Cómo das testimonio en un lugar en el que el precio promedio de la vivienda es de más de 400.000? ¿Cómo le hablas a un tipo que no siente necesidad de Cristo porque está distraído con su materialismo? ¿Cómo tener éxito en un área llena de ciudadanos agradables, respetuosos de la ley, que no engañan a sus esposas ni golpean a sus hijos, y que pasan las noches cómodamente en el sofá viendo reality shows? Eso sí que es difícil. De alguna manera, mucho más difícil. ¡Brutal incluso!”19 

Entonces la gran comisión debe recordarle a la iglesia, que la predicación de las buenas nuevas de salvación, debe estar dirigida “a toda criatura”, y no a un segmento de la sociedad específico. 

Capítulo 6: Aplicando el método. 

Ya en pleno terreno misionero o evangelístico, la iglesia tendrá la oportunidad de aplicar el método o medio de predicación al desarrollo de la obra de Dios por medio de su obrero o misionero. 

En este proceso de desarrollo, el obrero cristiano tendrá la oportunidad de aplicar los conocimientos y consejos adquiridos, pero siempre debe estar abierto a aprender de las experiencias que surjan en el ministerio, de nuevos medios de aprendizajes y de nuevos consejos proporcionados por otros misioneros y pastores con conocimiento sobre el terreno. 

No existen los métodos o medios de predicaciones ideales, sino los apropiados para las circunstancias del lugar. Por eso quizás durante su ministerio el obrero cristiano se pudiera ver en la necesidad de adaptar, combinar y hasta reemplazar un método de predicación cuando las circunstancias lo determinen. Esta es la razón por la que algunas veces, el éxito en la aplicación de un método evangelístico en el campo misionero determinado, tiene que ver mucho con algunos factores como: el liderazgo, las condiciones sociales, el tiempo, y la evaluación correcta que se haga sobre los resultados obtenidos. 

  1. Los líderes. 

El liderazgo es una característica visible de todo llamado ministerial. Esto no significa que todos los líderes tengan un llamado a servir en el ministerio; sino inversamente que toda persona con llamado ministerial es un líder.  

Por tal razón, las posibilidades de que el método o medio de predicación antes seleccionado, pueda brindar buenos resultados durante su aplicación o implementación en el campo misionero o en la iglesia local, tiene que ver en parte con la capacidad del obrero cristiano, para influir positivamente en su nueva congregación, o en la gente que ya ha ganado para Dios. 

Para esto el obrero debe motivar e incentivar a sus nuevos creyentes y adeptos, planteándoles análisis que le ayuden a definir las estrategias correctas, que resulten en una gestión eficiente en el trabajo de su equipo ministerial. 

De manera simultánea mientras el misionero u obrero ejerce su ministerio y discipulado, debe ir identificando a los creyentes que muestren dotes de líderes, e invertir el suficiente tiempo y recursos en su formación bíblica y ministerial. Esta estrategia ministerial le garantizará las ayudas locales necesarias, para seguir avanzando en el desarrollo de la nueva congregación, y asegura la continuación de la visión en caso de que él deba ausentarse o retornar a su lugar de origen. John C. Maxwel ha escrito: “La capacidad de liderazgo es el tope que determina el nivel de eficacia de una persona. Cuanto menor es la capacidad de dirigir de un individuo, tanto más abajo está el tope de su potencial. Cuanto más alto está su nivel de liderazgo, tanto mayor es su eficacia”. 20 

Definitivamente un modelo de predicación puede encajar con las condiciones climáticas y la situación social de una población; pero si el líder principal a cargo del ministerio no es capaz de mostrar eficiencia en su aplicación, y en la dirección de su nueva iglesia, entonces todos los recursos y tiempo invertido pudiera verse en peligro. 

  1. Las condiciones. 

Las condiciones son las partes establecidas en un acuerdo. Pero sin embargo para la proclamación del evangelio en la Gran Comisión, el Señor Jesús no le planteó condiciones ni posibilidades a la iglesia para que fuera y predicara el evangelio. 

En el proceso de evangelización la iglesia no solo debe cumplir con enviar y sostener obreros o misioneros, sino que también debe esforzarse en ir presencialmente, y participar con ellos en la predicación. Para hacer esto posible muchas iglesias envían a sus líderes para que respalden el ministerio que los obreros están desarrollando, y estos ayuden a formar nuevos líderes en estas zonas misioneras o de predicación. Otras veces este esfuerzo se ve complementado con el envío de mayores equipos misioneros que no solo van y ayudan, sino que también al ayudar aprenden sobre el ministerio y las misiones, transformándose el plan de este modo en un proceso de aprendizaje practico, con ricas experiencias sensoriales para todos. 

Sin embargo, existen condiciones exteriores por causas naturales o humanas, que pudieran afectar provisionalmente el desarrollo de un plan ministerial, como pudieran ser las condiciones meteorológicas, por ejemplo: las temporadas ciclónicas, o los vientos monzónicos de Asia, un desastre causado por un terremoto, o las inundaciones causadas por las grandes lluvias. O un toque de queda causado por una pandemia, como la experiencia reciente con el Covid-19. También las condiciones establecidas por una guerra, las revueltas sociales y los golpes de estados, o la declaración de la ley marcial. Ante estas condiciones, la iglesia pionera o la agencia misionera debe siempre garantizar a través de los medios disponibles, la seguridad y la integridad física de sus obreros, mientras existan las posibilidades. 

A pesar de que estas causas pueden afectar seriamente el desempeño de un ministerio, no deberían afectar el desarrollo y crecimiento de la iglesia como cuerpo de Cristo. Los templos pueden cerrar y las reuniones se pueden clausurar, pero la iglesia local nunca debe dejar de proclamar el evangelio. 

  1. La evaluación. 

Las evaluaciones ministeriales son positivas, porque ayudan a la iglesia pionera y al obrero a reforzar aquellos detalles del método aplicado, que han dado los resultados previstos. Y por otra parte pone al manifiesto las fallas y deficiencias de tal método, dándoles la posibilidad de aplicar un nuevo plan, o de complementar su método con otros medios que les garantice unos mejores resultados. 

Conclusión. 

Dado que la gran comisión es una ordenanza, la iglesia debe estar siempre dispuesta a proclamar el evangelio de una manera bíblica, y dando siempre la gloria a Dios por los resultados. En el proceso de la proclamación se puede evangelizar de diferentes modos, y usar los métodos o medios que se consideren más efectivos para el tipo de ministerio que se desea desarrollar, y que se adapte mejor al entorno misionero. 

Bibliografía.

  1. J. Mack Stiles, La evangelización: Como toda la iglesia habla de Jesús (9 Marcas, 2015), 31. 
  2. John McArthur, La evangelización: Como compartir el evangelio con fidelidad (Grupo Nelson, 2011), 419. 
  3. Otto Sánchez, Hacia La Meta (B&H Publisshing Group, 2016). 313 
  4. John R.W. Stott, La Predicación, puente entre dos mundos (Libros Desafíos, 2000), 14. 
  5. Nuevo Diccionario Bíblico (Ediciones Certeza, 1991), 479. 
  6. John C. Maxwell, Las 21 leyes irrefutables del liderazgo (Grupo Nelson, 2007), 65

7. Ronnie Floyd, 10 Things every minister needs to know

 (New Leaf  Press, 2007), 59.

8. Bruce P. Powers, Manual de Educación Cristiana

(Editorial Mundo Hispano, 2006), 56. 

9. Andrew Murray, La Oración en Armonía con Dios (Editorial Peniel, 2010), 25. 

10. James W. Sire, El Universo de al Lado (Libros Desafios, 2005), 23. 

11. Michael Green, Manual Biblico Ilustrado (Editorial Unilit, 1989), 554. 

12. Thomas K. Ascol, Querido Timoteo (Publicaciones Faro de Gracia, 2011), 171.

13. Wayne A. Grudem, Doctrina Cristiana (Editorial Vida, 2006), 16. 

14. M. David Stills, Corazones, mentes y manos (B&H Publishing Group, 2016), 564.

15. Thomas Wade Akins, Evangelismo Pionero

(Junta de Missões Nacionais Convenção Batista Brasileira, 1997), 40. 

16. Edgar Aponte, La membresía de la iglesia (Revista 9 Marcas edición #4, 64: ISBN: 978-1548093921. 

17. Alberto Barrientos, Principios y alternativas del trabajo pastoral (Editorial Caribe, 1989), 97. 

18. Miguel Núñez, El Poder de la Palabra para transformar una nación (Poiema Publicaciones, 2016), 32,33. 

19. Mike McKinley y Mez McConnell, La Igelsia en lugares difíciles: Como la iglesia local trae vida a los pobres y necesitados (9 Marks, 2017), 22. 

20. John C. Maxwll, Las 21 leyes irrefutables del liderazgo (Grupo Nelson, 2007),1. 

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