En nuestro tiempo, se habla mucho de los tránsfugas políticos. El diccionario define la palabra tránsfuga como: “Persona que huye de una parte a otra”. Para que lo entiendas llanamente, en política, es una persona, que por conveniencia, se cambia de un partido a otro. El tránsfuga no tiene principios políticos. Se mueve por coyunturas política del momento.

En el cristianismo, también existe el transfuguismo interno; pero pocas veces, se aborda el tema. O se la ha dado poca importancia, porque las personas, normalmente migran de una iglesia a otra. Y aunque a veces, la iglesia local es afectada, con este tipo de práctica, las estadísticas globales de crecimiento, del cristianismo local, se mantienen; porque el tránsfuga cristiano, no se aparta de la fe, sino que más bien, cambia constantemente de iglesias.

Este es un creyente con pocas metas, con un liderazgo débil, y una fe confusa. No tiene una identidad cristiana. Por eso no se siente motivado, a enfrentar los problemas, que a veces suscitan en las iglesias locales; sino que prefiere huir.

Y algunas de las razones, por la que muchos cambian, constantemente de iglesias; son porque traen un patrón, de desobediencia e inestabilidad desde sus hogares. En algunos casos son personas que vienen de familias divididas.

Una característica de este creyente, es denotar que todos a su alrededor están mal, y solo él está bien. Por lo tanto, vive en una búsqueda constante, del ambiente cristiano perfecto. De la congregación libre de pecados y problemas.

Esto es lo que la Biblia dice al respecto: “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1:8).

Autor: Rev. Ruddy Carrera.

Imagen de portada, ilustración/Footage.

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